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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 693

Como el coordinador le había avisado que la reunión previa a la liga sería a las siete, Roxana se enteró de que, sin consultarle, la habían nombrado capitana del equipo.

Caleb Valente sería el subcapitán.

No le quedó más remedio que levantarse temprano.

En su casa no había reglas estrictas sobre desayunar juntos o madrugar, así que la mansión estaba en completo silencio.

Cuando Roxana bajó, el comedor estaba vacío.

El mayordomo supervisaba a los jardineros afuera, y en la cocina, Doña Tere se apresuró a hablar al verla.

—Señorita Roxana, ¿por qué se levantó tan temprano? ¿Qué desea desayunar? Se lo preparo de inmediato.

Roxana estaba a punto de responder cuando escuchó el sonido de un auto llegando.

¿Tan temprano?

No podía ser una visita.

¿Acaso el hermano Mateo había ido a la empresa a trabajar toda la noche?

—Señor Valeriano, ¿qué lo trae por aquí tan temprano? El señor y la señora aún no se han levantado —dijo el mayordomo, corriendo hacia él.

Al escuchar eso, Roxana se sorprendió aún más. ¿Qué hacía él allí a esa hora?

—Mayordomo, compré estos panecillos tradicionales. Recuerdo que al señor Soler y a Doña Marina les encantan. Por favor, llévelos adentro y caliéntelos para cuando se levanten.

La voz de Valeriano sonaba suave y cautivadora.

Roxana caminó hacia la entrada y vio a Valeriano vestido con una camisa blanca y pantalones oscuros. Su figura esbelta y elegante estaba bañada por la primera luz del amanecer.

—¿Viniste tan temprano a buscar a mis padres?

Valeriano se giró de inmediato. Sus ojos, profundos y oscuros, reflejaron la suave luz de la mañana.

—Roxana... Creí que seguías durmiendo. ¿Acaso hablé muy fuerte y te desperté?

—No, acabo de bajar. Tengo que estar a las ocho en la sala de conferencias de la Universidad de Veridia para una reunión antes de la competencia.

Valeriano alzó una ceja, sorprendido.

—Entonces llegué en el momento perfecto. Desayunemos y te llevo.

Roxana no se negó.

El mayordomo, con mucha discreción, tomó los panecillos y se fue a la cocina junto con Doña Tere.

—Yo...

—¡Perro Sandoval! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡Aléjate de mi hermana!

Darío Soler había pasado toda la noche dando vueltas en la cama.

Pero en medio de su sueño, le llegó el aroma de los panecillos tradicionales que llevaba casi un año sin comer, y saltó de la cama como un resorte.

Estaba dudando si despertar a su hermano mayor cuando, desde el piso de arriba, vio a Valeriano toqueteando a su adorable hermanita. Bajó las escaleras como un huracán, se plantó entre los dos y los separó de golpe.

Valeriano frunció el ceño. Una ligera sombra de molestia cruzó su rostro perfecto.

—¿Cómo me llamaste?

Su tono había perdido la calidez que tenía con Roxana y se volvió cortante.

Pero Darío no se dejó intimidar.

—¿Acaso es mentira? Vienes a primera hora de la mañana a propasarte con mi hermana. ¡Si no eres un perro desgraciado, no sé qué eres!

Roxana, que no tenía ganas de presenciar una pelea de niños de primaria, se dio la vuelta y entró a la sala.

Justo en ese momento, Mateo Soler regresaba de su trote matutino. Al ver a Valeriano, que había llegado sin invitación, su expresión se oscureció.

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