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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 972

—¡Hazlo pasar rápido!

En poco tiempo, Valeriano entró vistiendo un impecable traje azul marino.

Su postura era recta y su presencia imponente.

Todo su ser emanaba una elegancia y superioridad innatas.

Sin embargo, esa frialdad se desvaneció al instante y se transformó en pura calidez al ver a las tres personas en la sala.

—Buenos días, Don Hipólito, Doña Isabel.

Roxana sabía que él vendría esta mañana, pero no imaginó que aparecería cargado de tantos regalos.

No pudo evitar sonreír; vaya que era atento.

Al verlo con tantas bolsas y paquetes, los señores Montes se mostraron sorprendidos.

—Muchacho, no tenías que molestarte, ¡con tu visita bastaba! ¿Por qué trajiste tantas cosas?

—Así es, con tantos regalos, seguro están pesados. Mayordomo, por favor, ayúdelo.

El mayordomo se apresuró a recibir las cosas. Valeriano le entregó una parte y explicó:

—Don Hipólito, Doña Isabel, escuché por Roxana que últimamente no se han sentido muy bien. Estos son remedios y suplementos naturales que preparé especialmente para fortalecer su salud.

El mayordomo, curioso, sacó uno de los paquetes y descubrió que contenía una rarísima raíz de ginseng silvestre de la más alta pureza. No pudo evitar exclamar:

—¡Señores, este es un tesoro invaluable que ni siquiera con todo el dinero del mundo se consigue fácilmente!

Don Hipólito, quien tenía amplios conocimientos sobre remedios tradicionales, supo de inmediato que se trataba de un artículo extraordinario. Su sonrisa se ensanchó aún más.

—Eres igual de considerado y respetuoso que Roxana. Apreciamos mucho tu buen gesto, pero la próxima vez no gastes tanto, o no te dejaremos entrar.

Valeriano asintió con presteza.

—Tiene toda la razón, Don Hipólito. Prometo no excederme la próxima vez.

—Vaya, vaya. Traer tantos regalos a primera hora de la mañana. ¡Joven Sandoval, sí que vienes con intenciones serias!

La voz burlona del tío Bernardo sonó desde atrás.

Roxana y Valeriano giraron la cabeza y vieron bajar a los padres de ella junto a su tío.

Valeriano se apresuró a saludar y sacó los regalos que también había preparado para ellos, logrando arrancarles sonrisas a todos.

Roxana no era muy buena en este tipo de interacciones sociales, pero al ver a toda su familia tan feliz, miró a Valeriano con una mezcla de respeto y admiración.

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