La expresión de Patricia se tensó, y la dureza de su voz desapareció por completo.
—Eres mi hermano menor y mi única familia. Claro que no lo soportaría.
—Ahí lo tienes. Te prometo que, mientras ella acepte entregarme su corazón una vez que muera, prometo no hacerle daño a ella.
Después de todo, Roxana era la presa más fascinante que había encontrado en años.
Tampoco quería destruirla.
Patricia sabía que los negocios que su hermano manejaba en el extranjero no eran del todo legales, pero todo lo hacía para encontrar un donante de corazón compatible.
Además, él nunca se había ensuciado las manos directamente.
Aun así, la inquietaba. Su hermano había levantado un imperio por sí solo en otro país. ¿De verdad no tenía sangre en las manos?
—Patricio, dime la verdad. ¿Has hecho cosas imperdonables solo para sobrevivir?
Patricio la observó en silencio.
Unos segundos después, le dedicó una sonrisa brillante.
—Por supuesto que no. Soy un hombre de negocios, no un asesino.
Eso la tranquilizó un poco.
—Me alegra. Temía que no pudieras superar la muerte de nuestros padres y abuelos, y que terminaras por el mal camino.
La respiración de Patricio se agitó levemente, pero supo disimularlo.
—Descuida, hermana. Nunca haría nada que te lastimara.
Con los ojos llorosos, Patricia apoyó la cabeza en su hombro y murmuró con la voz rota:
—Patricio, lo pasado, pasado está. No quiero seguir buscando culpables. Lo único que pido es que te cures y que podamos vivir en paz. Solo te tengo a ti...
La mirada de Patricio se oscureció.
Él también quería eso. Pero había cruzado límites de los que ya no podía regresar.
Si Roxana no se interponía en su camino, tal vez podría dejar a la familia Soler fuera de esto.
***
Al día siguiente.
—¡Si lo hubiera sabido, me metía en la Profesional!
—Antes de venir, el director nos dijo emocionado que llegáramos a los tres primeros lugares. ¡Con estas reglas tan locas, un milagro será si no terminamos en el hospital!
Caleb no estaba contento al escuchar que todos querían rendirse antes de empezar.
—¡Tómense esto en serio! Este desafío no es nada comparado con todo el tiempo que llevamos practicando. Si se rinden ahora, se arrepentirán después.
Roxana también intervino para motivarlos.
—La liga es cada dos años. Ya estamos aquí, no podemos echarnos para atrás. En el peor de los casos, quedaremos igual que siempre. Si podemos aceptar el peor escenario, ¿a qué le tienen miedo? El director confía en nosotros, así que no se menosprecien. ¡La Universidad del Sur tiene nivel!
Las palabras de ambos lograron tranquilizar al equipo.
Si el director tenía tanta fe en ellos este año, era por la presencia de Roxana.
¡Exacto! Ella era su carta de triunfo.
Incluso si ellos fallaban, ella no lo haría.
Con ella respaldándolos, ¡no tenían nada que temer!

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