Temiendo haberse equivocado, Roxana examinó detenidamente la forma de la herida y los alrededores.
Para su sorpresa, no parecía un simple corte.
Tenía más bien el aspecto de que alguien le hubiera arrancado la carne de cuajo con un cuchillo.
Con un corte así, era imposible distinguir rastros anteriores.
Lo único claro era que se lo acababan de hacer.
Patricio, tras aguantar la punzada más intensa, logró incorporarse y explicó con voz débil: —Te pido que guardes el secreto. Si mi hermana se entera de que me maltrataron así en la universidad, armaría un escándalo tremendo en la facultad.
Aunque la herida no le dio las respuestas que buscaba, Roxana seguía manteniéndose alerta ante él.
—Si ya sabías que lo iban a hacer, ¿por qué dejaste que te maltrataran?
—No los dejé. Resulta que Rufo es el hijo de la tía de mi cuñado, el niño mimado de su familia. Y su padre es la actual cabeza de los Valente. Mi hermana aún depende de él económicamente. Yo, que tengo los días contados, no puedo ser una carga para mi hermana y hacer que se enfrente a muerte con la familia Valente por mí.
—Tienes razón, no vale la pena. Francisca puede salir adelante sola sin problemas, así que no te preocupes.
Patricio no habló.
¿Acaso le estaba recordando sutilmente que ya era hora de morir?
—Roxana, vi que el medicamento tenía dos variantes, traje las dos. Dime cuál es la que necesitas —dijo Francisca, subiendo con un botiquín adornado con brillantes y abriéndolo para mostrarle el contenido.
Al ver los dos diamantes relucientes incrustados en la tapa, los ojos de Roxana se iluminaron. —Francisca, ¿tienes tanto dinero que no sabes en qué gastarlo?
Ante el comentario, un leve rubor asomó en el deslumbrante rostro de Francisca. —No es eso. Es que compré dos diamantes sueltos y me parecieron muy pequeños para unos anillos. Me daba lástima no usarlos, así que mandé personalizar el botiquín con ellos. De esta forma, aunque haya un apagón, lo encontraré fácilmente.
Esta vez fue Roxana quien se quedó sin palabras.
Pero Francisca insistió en que lo aceptara. —Roxana, Patricio es mi único hermano y significa el mundo para mí. Él no nació con problemas cardíacos; su corazón resultó herido por un arma al intentar protegerme. Si con esto puedo mantenerlo con vida, pagaría el precio que sea. Este dinero no es solo para tus honorarios, es el precio de la esperanza que compro para mí misma. Te suplico que hagas todo lo posible por alargar su vida hasta que llegue un donante compatible.
Roxana, incapaz de negarse, guardó el cheque. —De acuerdo. Haré todo lo que esté en mis manos.
Solo entonces Francisca sonrió con alivio.
Antes de irse, Roxana no pudo evitar preguntarle: —Francisca, sobre el diseño de la 'Rosa Abeja', ¿fue tu hermano quien te pidió que me lo encargaras?
Francisca soltó una suave risa. —Así es. Aunque el boceto original era de un amigo suyo, mi hermano solo estaba echándole una mano para encontrar a alguien que lo diseñara.
—¿Y sabes quién es ese amigo? ¿Reside en el país?
—La verdad es que no lo conozco. Pero me da la impresión de que no es de por aquí —contestó Francisca, y, extrañada por su insistencia, preguntó—: ¿A qué viene tanto interés? ¿Quieres que le pregunte y te digo luego?

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