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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 774

Al escuchar esto, Rafael se giró de inmediato hacia su hija.

—Roxana, ¿ya revisaste a Mónica? ¿Descubriste qué le pasa?

Las palabras de Rafael hicieron que todas las miradas se centraran en la joven.

—Papá, mamá, tíos... por favor, tomen asiento. La situación de Mónica es bastante compleja.

Una vez que todos se acomodaron en la sala, Roxana se dirigió a Don Anselmo y le pidió que llamara al chofer. El mayordomo miró a Marcelo, quien asintió, y salió rápidamente a buscarlo.

Roxana notó la absoluta lealtad del personal, confirmando que la familia Montes sabía ganarse el respeto de su gente. Tras esa breve pausa, fue directo al grano:

—Tío Marcelo, los síntomas de mi prima, como la confusión mental y las fluctuaciones extremas de humor, indican que le inyectaron una droga de regresión cognitiva.

El rostro de Marcelo se tensó de inmediato, y su mirada se volvió afilada.

—He escuchado de esa droga. Se desarrolló en un laboratorio clandestino en el extranjero y la llamaban «Píldora del Olvido». Pero se supone que todos los registros y muestras de esa sustancia fueron destruidos. Es imposible que siga circulando.

—Tienes razón, esa droga específica fue destruida —confirmó Roxana—. Sin embargo, hace dos años, alguien logró sintetizar una versión mejorada, mucho más potente. Se llama «Líquido del Caos». Es muy popular en el mercado negro, especialmente en casinos clandestinos y mafias subterráneas.

Al escuchar el nombre de la droga, Valeriano, que había estado recostado con actitud relajada, se enderezó de golpe.

Llevaba tiempo investigando en secreto el origen del veneno que casi le quita la vida. Sabía que «Quiebraalmas» no era una toxina producida en el país. El último avance de sus informantes revelaba que tanto el Quiebraalmas como el Líquido del Caos provenían de la misma organización criminal.

Sin perder un segundo, sacó su teléfono y le envió un mensaje a su equipo de inteligencia.

Hilda, aterrorizada por las palabras de Roxana, se llevó las manos al pecho.

—¡Pero Mónica es solo una estudiante universitaria! Este año ni siquiera ha salido del país y jamás se ha mezclado con criminales. ¿Por qué alguien le inyectaría algo tan espantoso?

—Tíos, conozco el antídoto para el Líquido del Caos, pero requiere un ingrediente clave: el Ginseng de las Nieves. No se consigue en este país. El único lugar donde podría aparecer es en la Casa de Subastas de la Corona, en el país M. Por suerte, conozco a alguien allí. Le pediré que me avise si llega a haber uno disponible.

La Casa de Subastas de la Corona era la más exclusiva y restrictiva del mundo. Los artículos que se vendían allí eran tesoros invaluables o medicamentos tan raros que la gente común ni siquiera sabía que existían.

El Ginseng de las Nieves era uno de ellos, conocido por su capacidad milagrosa para regenerar el sistema nervioso.

Marcelo sabía perfectamente que no tenía los contactos necesarios para acceder a esa casa de subastas, por lo que toda su esperanza recaía en Roxana.

—Te lo encargo con mi vida, Roxana. No escatimes en gastos; paga lo que pidan, yo me haré cargo.

—Entendido —Roxana no perdió tiempo. Abrió un chat y le envió un mensaje a su subordinado para que investigara la próxima subasta del Ginseng de las Nieves.

El corazón de Hilda se hundió. Creía que Mónica solo tenía una extraña enfermedad pasajera. Enterarse de que su hija había sido víctima de una droga letal del bajo mundo fue demasiado para ella. Cubriéndose el rostro con las manos, rompió a llorar desconsoladamente.

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