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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 87

A un lado, Darío Soler observó la expresión serena pero arrogante de Roxana y no pudo evitar reír en voz alta.

Envió el video directamente al grupo familiar, luego se acercó y le ofreció unos pañuelos de papel.

—Tienes la frente sudada, sécate.

—Gracias —Roxana no los rechazó, los tomó y comenzó a secarse el sudor.

—Toma algo de agua y descansa un momento aquí mismo.

Ella aceptó la botella, pero no bebió.

Darío notó ese detalle y su mirada risueña se tornó más profunda, casi de manera imperceptible.

El rector, encantado con su video, lo envió a un grupo privado. Al ver que pasaban diez segundos sin respuesta, escribió de inmediato:

[¡Mi pequeña es increíble!]

El chat, que antes parecía muerto, estalló al instante.

[¡Viejo sinvergüenza! ¡¿Cómo que tuya?!]

[¡Roxana me conoció a mí primero! ¡Si es de alguien, es mía!]

[¿De qué hablan? Roxana dijo hace mucho tiempo que le encanta mi cocina. ¿Quién le diría eso si no fuéramos familia? ¡Obviamente es de mi familia!]

[Vete al diablo. Que le guste tu comida no la hace de tu familia. Ella también dijo que le gustaba mi casa de campo, ¡así que con más razón debería ser mía!]

Al ver el alboroto en el grupo, el rector mandó un mensaje casual:

[La tengo justo enfrente. Ustedes que ni siquiera la pueden ver, ¿por qué pelean?]

En el siguiente segundo, todos comenzaron a bombardearlo con insultos.

Con gran serenidad, el rector guardó en su bolsillo el teléfono que vibraba sin parar, sonrió con orgullo y levantó el pulgar hacia Roxana sin disimulo.

—¡Qué increíble eres, muchacha! Recuerda darle mucha gloria a la Universidad del Sur, ¡para que este viejo también se luzca un poco!

—Gracias, señor rector. Iré a inscribirme —agradeció Roxana con calma. Tomó su maleta de las manos de Darío y se dispuso a irse.

Los demás miraban boquiabiertos. Era Don Abelardo, el hombre que todos soñaban con adular, ¿y ella lo trataba con tanta indiferencia?

Y lo más sorprendente era que Don Abelardo no parecía molesto por el trato frío, al contrario, lucía de lo más orgulloso.

¿Acaso el mundo se había vuelto loco?

El acceso a la Universidad del Sur era muy estricto y no se permitía la entrada a personas externas. El que Darío hubiera podido entrar ya era una excepción, así que no podía acompañar a Roxana a inscribirse. Solo le quedó pedirle a Yara que la cuidara.

—Tranquilo, Darío, me aseguraré de cuidar muy bien de mi hermana —dijo Yara, tragándose su odio y mostrando la sonrisa más tierna de la que era capaz.

De camino a la Academia de Élite.

Los aduladores de Yara volvieron a preguntarle por la relación entre Roxana y el rector.

La sonrisa en los labios de Yara se hizo aún más dulce. Estaba segura de que había sido él.

—Muchas gracias por lo que preparaste ese día, me hizo muy feliz.

Tras decirlo, se sonrojó y aceleró el paso, distanciándose de él.

Caleb se quedó desconcertado ante aquel comentario fuera de lugar. ¿Qué sorpresa? Él no sabía nada al respecto.

Los demás, al escuchar la conversación, empezaron a bromear.

—¡Guau! ¿Acaso el joven Caleb hizo algo romántico por nuestra Yara? Se llevan tan bien, ¡ya deberíamos empezar a planear la boda!

—Sí, ya han pasado tres años. Joven Caleb, ¿no crees que ya es hora de formalizar la relación?

Caleb sentía algo de atracción por Yara, pero ella nunca le había dado una respuesta clara, y él no quería forzarla. Por eso, su relación había estado en una especie de coqueteo sin llegar a nada oficial.

—Vayan por allá, a ustedes qué les importa —dijo, agitando la mano con impaciencia.

Los demás soltaron carcajadas aún más fuertes.

***

En la Academia de Élite.

Roxana, con su carta de aceptación en la mano, miraba el sistema de seguridad en la entrada con el rostro serio.

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