Las miradas, llenas de asombro y sospecha, se clavaron en Roxana. ¿Qué tenía de especial como para que el rector la tratara con tanto respeto?
Yara se quedó petrificada en su lugar, mientras la envidia la ahogaba como una ola furiosa.
A pesar de la conmoción que rodeaba la escena, Roxana se mantuvo imperturbable. Ante la pregunta del rector, se limitó a negar con la cabeza.
—No.
El rector, llevado por los nervios del momento, casi usó un tono demasiado familiar, y para cuando se dio cuenta, ya era tarde.
«¡Maldición, lo arruiné! ¡Nuestra relación está a punto de salir a la luz!»
Como ya no podía fingir que no conocía a Roxana, le quitó la carta de admisión de las manos y se la arrojó a Lidia con expresión sombría.
—¡Abre bien los ojos y dime si esta carta es falsa!
Lidia agarró la hoja y se quedó boquiabierta.
¿Por qué tenía el sello personal del rector?
Cualquier profesor de la Universidad del Sur sabía que el rector no usaba su sello personal a la ligera. Además, tenía marcas especiales que lo hacían imposible de falsificar.
El rostro de Lidia, antes rojo de ira, palideció de golpe. Miró a Roxana con profundo pánico.
«¿Qué tipo de relación tiene esta chica con el rector?»
Al ver su cambio drástico de actitud, los demás estudiantes comenzaron a preguntarse si la carta era real o no.
Caleb, que estaba parado cerca de Lidia, notó el sello personal del rector al instante y sus pupilas se contrajeron.
«¡Esta novata fue invitada personalmente por mi tío abuelo! ¿De dónde diablos salió?»
—¿Ya lo vio bien? —preguntó el rector con voz grave al notar el silencio de Lidia.
La multitud pareció comprender. Así que eso era lo que había pasado.
Roxana no respondió a sus excusas. Simplemente cruzó sus largas piernas y se apoyó perezosamente contra la pared, proyectando un aura rebelde e indomable.
Todos los estudiantes de la Academia de Élite tenían cierto grado de altivez, algo que cualquiera podía notar a simple vista.
Pero el orgullo de Roxana parecía estar grabado en sus huesos. Fluía de manera natural a través de sus movimientos y gestos, sin la menor pisca de esfuerzo.
No resultaba agresiva, pero era imposible apartar la mirada de ella.
Caleb se sintió cautivado nuevamente. Esta chica era diferente a cualquier otra que hubiera conocido.
Al ver que cada vez se acercaba más gente, el rector decidió cortar por lo sano para evitar que los rumores afectaran a Roxana.
—Suficiente. Profesora Lidia, la decisión está tomada. Ella pertenece a la Clase Élite 1. Si no quiere enseñarle, perfectamente puedo buscar a alguien más que lo haga.

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