Entrar Via

La esposa invisible romance Capítulo 17

Cuando bajé las escaleras, lo encontré en el salón, de pie junto a la ventana, como si hubiera estado allí toda la noche. La luz del amanecer apenas perfilaba sus rasgos, y por un segundo, si no hubiera sentido tanto odio, habría dicho que se veía roto.

Pero ya no me conmovían sus ruinas.

Me aclaré la garganta, seca.

—Quiero el divorcio —dije, sin adornos.

Günter giró hacia mí, y su rostro perdió todo el color. Sus labios se abrieron, pero no salió sonido alguno. Caminó hacia mí, paso tras paso, hasta quedar a menos de un metro.

—No —susurró, sacudiendo la cabeza—. No, Olivia. No es una solución.

—Para mí, sí —repliqué, cruzándome de brazos—. Ya lo decidí.

Y entonces ocurrió algo que nunca habría imaginado: se arrodilló.

Se arrodilló frente a mí, con las manos temblorosas aferrando las mías. Sus ojos, húmedos, brillaban en la penumbra.

—Te lo suplico —su voz se quebró—. Solo una oportunidad más. Una. Te juro, Olivia… si después de eso sigues queriendo irte, te dejaré libre. Te daré el divorcio. Pero no me pidas que lo acepte así… sin pelear por ti. Por nosotros.

Sentí sus lágrimas caer sobre mis dedos. Y por dentro, algo ácido me subió por la garganta. Porque durante años lloré sola. Y ahora que él lloraba, no sentía compasión. Solo vacío.

—¿Y qué supones que hagamos? —pregunté, con una frialdad que incluso a mí me sorprendió.

—Un viaje —dijo rápidamente, aferrándose a esa idea como un náufrago a un trozo de madera—. Unas semanas. Solos. Lejos de todo. Solo… para intentarlo. Para ver si todavía hay algo que salvar.

Me miró, suplicante.

—Por favor, Olivia… dame esa última oportunidad. Te juro que si después… sigues pensando igual… te firmaré los papeles. Te dejaré ir. Pero no ahora. No así.

Un suspiro escapó de mis labios. Lento. Cansado.

Vi su rostro bañado en lágrimas, su cuerpo fuerte ahora reducido a un hombre arrodillado, deshecho.

Y asentí.

Solo entonces su pecho se sacudió con un sollozo, como si esa pequeña seña le hubiera devuelto la vida.

—No tiene que ser Florencia —se apresuró a decir, limpiándose el rostro—. No si no quieres volver ahí. Escoge tú. El lugar que quieras. Donde te sientas… bien. Donde podamos empezar de nuevo.

Crucé la mirada con él, y sentí un escalofrío recorrerme.

Porque lo conocía.

Porque sabía que no era una promesa vacía lo que me estaba haciendo. Que, para Günter Ryker, la palabra dada era sagrada. Que antes de morir, sus padres le arrancaron una promesa: que cuidaría de mí, que me amaría, que jamás me dejaría.

Y para él… no había nada más importante que esa promesa.

Así que su oferta de "dejarme libre" sonaba bonita. Sonaba noble. Pero yo sabía la verdad.

Günter nunca me daría el divorcio.

No porque me amara. No porque aún creyera en nosotros. Sino porque para él, dejarme ir sería traicionar a sus muertos. Sería fallarle a su linaje. A su deber.

Y yo… yo ya no quería ser un deber en su vida. Ni un trofeo. Ni un juramento que lo encadenaba.

Así que respiré hondo, fingí un asentimiento más cálido y dije:

—Suiza. Quiero ir a Suiza.

Lo vi parpadear, confundido, pero luego asintió rápidamente, como si cualquier lugar le pareciera perfecto si significaba que aún tenía una oportunidad.

—Suiza, entonces —repitió, sonriendo entre lágrimas—. Iré a hacer las reservas hoy mismo. Gracias, Olivia… gracias.

Pero mientras él hablaba, mientras planeaba con esa renovada esperanza, mi mente ya volaba hacia otra parte.

Porque sabía que, en cuanto pisara suelo suizo, no haría ningún esfuerzo por sanar nada.

No me iba a sentar a conversar. No iba a caminar de su mano por paisajes bonitos.

No.

Iba a escapar.

Apenas llegáramos, huiría. Me escondería. Y solo había una persona a la que podía acudir.

Cassian.

Él era mi única tabla de salvación en medio de este naufragio. No tenía a mi madre. No tenía amigas que me entendieran. Solo Cassian.

Y esta vez… esta vez no me importaba si tenía que rogarle.

Porque yo ya no peleaba por mi matrimonio.

Peleaba por mi libertad.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La esposa invisible