Al día siguiente, Alejandro llamó a Camila para coordinar la hora de recogida de Isa. La conversación fue breve y estrictamente funcional.
—Mi padre llega a la ciudad esta noche —dijo él, su tono era puramente informativo—. Tendremos una cena familiar.
Camila esperó, sabiendo lo que vendría después. O lo que no vendría.
—Le he dicho a Isa que estarás ocupada. Que tienes una reunión de trabajo importante.
No era una pregunta. Era una declaración. Le estaba dando una excusa, excluyéndola de antemano.
—Entiendo —respondió ella, sin ninguna emoción en su voz.
—Pasaré por ella a las seis.
La llamada terminó.
Más tarde ese día, Fernando Beltrán llegó a las oficinas de Axon AI. La colaboración entre sus empresas estaba en pleno apogeo y las reuniones eran frecuentes.
Estaba en la oficina de Camila, discutiendo las proyecciones financieras, cuando su teléfono sonó.
Miró la pantalla y frunció el ceño.
—Discúlpame un segundo. Es Alejandro.
Camila asintió, volviendo su atención a la pantalla de su computadora, dándole privacidad.
—¿Qué pasa, Alejandro? Estoy en medio de algo.
Hubo una pausa.
—Sí, lo sé. Tu padre. Me alegro de que esté bien.
Otra pausa, esta vez más larga. La expresión de Fernando se volvió irritada.
—¿Que haga qué? ¿Estás bromeando?
Escuchó atentamente, su mandíbula se tensó.
—No, no puedo. Tengo planes.
Silencio.
—Alejandro, es tu problema, no el mío. Resuélvelo tú. Adiós.
Colgó con una brusquedad inusual en él.
Camila levantó la vista.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Genio Anónima: Mi Esposo Firmó el Divorcio Sin Saber Quién Soy