El titular en la pantalla de la tableta parecía gritar.
"Consorcio Alcázar Lanza OPA Hostil Sobre InnovaDrive en un Movimiento Sorpresa".
David Romero entró en la oficina de Camila como un huracán, su rostro congestionado por la furia.
Dejó caer la tableta sobre el escritorio de ella con un ruido sordo.
—¡Es un ataque directo!
Camila levantó la vista de su trabajo, su expresión era de una calma absoluta.
—¡Sabe que InnovaDrive es nuestro principal competidor en el sector de logística! ¡No es una coincidencia!
David caminaba de un lado a otro de la oficina, como un león enjaulado.
—¡Está intentando ahogarnos! Quiere acaparar su tecnología para competir directamente con "Quasar". ¡Y lo hace justo cuando estamos a punto de firmar los contratos de distribución!
—Lo sé, David.
—Tenemos que contraatacar —dijo él, su voz era un gruñido bajo—. Ahora mismo.
Se detuvo frente a ella, sus manos apoyadas en el escritorio.
—Usaremos los fondos de la nueva ronda de inversión. Haremos una contraoferta. Iniciaremos una guerra de ofertas. No podemos dejar que se salga con la suya.
Camila lo escuchó en silencio, sin interrumpir su diatriba.
Cuando terminó, ella simplemente se recostó en su silla. Miró los mismos titulares que habían enfurecido a David, pero en su rostro no había ni rastro de pánico.
De hecho, parecía casi... divertida.
Una leve sonrisa jugó en la comisura de sus labios.
—No vamos a hacer una contraoferta, David.
La calma en su voz descolocó a David por completo.
—¿Qué?
—Sería una pérdida de dinero y de tiempo.
—No va a ganar —dijo ella en voz baja, su voz era un susurro lleno de una certeza absoluta.
Sus ojos brillaban con la luz de una estratega que veía el tablero de ajedrez no en tres, sino en diez dimensiones.
David siguió su mirada hacia la pizarra, intentando descifrar el significado de los símbolos arcanos. No entendía nada.
Camila se giró para mirarlo, y la sonrisa en su rostro ya no era divertida.
Era la sonrisa de alguien que está a punto de cambiar el mundo.
—Va a comprar un caballo de carreras justo un día antes de que yo invente el automóvil.
La confusión en el rostro de David era total.
—Ten paciencia —añadió ella.
Su dedo índice se levantó lentamente.
Trazó una línea en la pizarra, conectando dos partes del diagrama que parecían no tener relación alguna.

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