~MINA~
El hombre bajó la mirada hacia el cuchillo que seguía apuntándole y después volvió a mirarme a mí. Esperaba que finalmente entendiera que no estaba jugando, que dejara de sonreír como si yo fuera alguna clase de espectáculo montado para entretenerlo aquella mañana y contestara de una buena vez mis preguntas, pero lo único que conseguí fue que la diversión aumentara en sus ojos.
Su tranquilidad empezaba a ponerme más nerviosa que si hubiera sacado un arma o intentado atacarme. Cualquier hombre sensato habría retrocedido al encontrarse con una desconocida blandiendo un cuchillo a pocos pasos de su garganta. Aquel cabrón, en cambio, parecía estar evaluando si quería café antes o después de que yo intentara degollarlo.
—¿De... gu... e... lle? —repitió lentamente, separando las sílabas de una manera tan espantosa que durante un segundo pensé que se estaba burlando de mí.
Frunció el ceño, ladeó ligeramente la cabeza y volvió a intentarlo.
—¿Degüele?
Lo miré sin entender qué demonios estaba haciendo.
—¿Qué?
—¿Cómo dijiste?
Apreté más el mango.
—Deja de hacerte el gracioso.
—No me estoy haciendo el gracioso. —Arrugó todavía más el entrecejo, como si de verdad estuviera intentando resolver un problema importante—. Nunca había escuchado esa palabra. ¿Qué significa?
Lo miré incrédula.
¿Era en serio? ¿De verdad estaba preguntando eso en medio de aquel momento?
Tenía un cuchillo apuntándole y el muy pendejo había decidido que ese era un buen momento para ampliar su vocabulario.
—Significa que te voy a cortar el cuello de oreja a oreja, cabrón —gruñí—, así que más te vale decirme de una buena vez quién eres y para quién trabajas.
Sus ojos se iluminaron con comprensión.
—Oh. Eso significa.
Volvió a mirar el cuchillo y luego a mí.
—De... güe... lle.
Una sonrisa enorme apareció en su rostro.
—Es una palabra graciosa.
Abrí la boca, incapaz de creer que estuviera teniendo aquella conversación.
—¿Qué?
—Degu-elle —volvió a decir, pronunciándola nuevamente como le dio la gana—. Los mexicanos tienen bastantes palabras graciosas en su vocabulario.
Sentí que me hervía la sangre.
No sabía quién era, no sabía dónde estaba ni qué relación tenía ese hombre con todo lo que me había ocurrido, y aun así ya tenía ganas de enterrarle el cuchillo simplemente para conseguir que dejara de sonreír.
—¿No escuchaste bien? —le espeté, levantando un poco más el arma—. Te dije que te voy a cortar el cuello si no contestas las preguntas que te hice.
La mirada del hombre descendió tranquilamente hasta el cuchillo. Lo estudió durante un par de segundos y después levantó los ojos hacia mí con una ceja arqueada.
—¿De verdad piensas hacerlo?
—Sí.
—¿Cortarme el cuello?
—Si es necesario.
—¿Con eso?
La forma despectiva en que miró el cuchillo consiguió irritarme todavía más.
—Sí, con esto.
—Interesante.
—¿Qué tiene de interesante?
—Que no parece que sepas utilizarlo.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...