~MINA~
Intenté zafarme nuevamente y una risa grave vibró contra mi espalda.
—¿Lo ves, Mexicana? —murmuró cerca de mi oído—. Es difícil que mates a alguien con esa técnica mediocre.
—¡Vete a la chingada!
—Pero me gusta la valentía con la que me enfrentas. —Aflojó apenas la presión sobre mi brazo—. Quizá solo necesitas que alguien te enseñe a defenderte mejor.
—¡Yo sé defenderme!
Intenté golpearlo en las costillas con el codo y él bloqueó el movimiento con una facilidad insultante.
Él movimiento provocó que apoyara el pie bruscamente y el dolor me atravesó como un relámpago.
—¡Ah, puta madre!
Las piernas me fallaron, pero no llegué al suelo. Los brazos del hombre me sostuvieron antes de que pudiera caer y el tono burlón desapareció de inmediato.
—¡Suéltame!
Intenté apoyar otra vez el pie por pura terquedad y terminé soltando otro gemido.
—Eso. Excelente idea —masculló—. Vuélvelo a hacer y quizá termines de romper lo que todavía esté entero.
Antes de que pudiera preguntarle qué demonios pretendía hacer, un brazo pasó por detrás de mis rodillas y el otro rodeó mi espalda.
—¿Qué haces?
Me levantó.
—¡¿Qué chingados haces?! ¡Bájame!
Quedé suspendida contra su pecho como si no pesara absolutamente nada.
Instintivamente me agarré de su hombro para no caer, lo que consiguió irritarme todavía más porque prácticamente estaba colaborando con mi propio secuestro.
—¡Bájame ahora mismo, hijo de...!
Caminó hacia la sala ignorando mis protestas.
Aproveché para mirarle el rostro desde aquella distancia y me enfureció descubrir nuevamente que, además de peligroso y arrogante, era bastante atractivo.
Tenía facciones duras, una mandíbula marcada bajo la barba corta y ojos claros que no conseguía definir porque estaba demasiado ocupada intentando decidir cómo demonios escapar de sus brazos. Los tatuajes que había visto desde la puerta se extendían por su cuello y desaparecían bajo la camisa negra, mientras otros cubrían sus manos y parte de sus brazos. Todo en él gritaba problemas.
Y yo aparentemente no había tenido suficientes, porque parecía querer meterme en más.
Me depositó sobre el sofá con más cuidado del que esperaba. Antes de que pudiera incorporarme, agarró uno de los cojines y lo colocó debajo de mi pierna para mantener el pie elevado.
—Quédate quieta.
—No soy un perro para que me estés dando órdenes.
—Los perros suelen obedecer.
Lo fulminé con la mirada.
—Pinche cabrón.
—Esa sí la conozco.
Se agachó frente a mí y todo mi cuerpo se tensó.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...