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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 132

~MAKSIM~

De la sala pasamos al comedor, donde sobre la mesa desplegamos la gran cantidad de documentos, planos y mapas que teníamos para planear nuestros ataques. Había llegado la hora de planear cómo capturar a Leonid Petrov.

Mila cruzó los brazos sobre el pecho y nos observó a cada uno a la cara.

—¿Y cómo vamos a hacerlo?

Fue Artem quien habló primero, señalando con uno de sus dedos uno de los mapas que estaban frente a él.

—Si Petrov sigue usando la vieja fábrica del sur como base temporal, ahí es donde deberíamos ir a buscarlo.

Giré la cabeza hacia él.

—¿Crees que se esconde allí?

Artem negó.

—No lo creo realmente —declaró, hundiendo los hombros—. Pero es el punto donde más movimiento han detectado Denis y Vadim durante las últimas semanas.

Nicolo asintió y señaló:

—Durante la última llamada que hicieron, Vadim informó de hombres entrando y saliendo de esa fábrica, vehículos blindados, suministros. Si Petrov está coordinando algo grande, probablemente sea desde ahí. Puede que no esté allí permanentemente, pero tiene que llegar a coordinar los movimientos.

Alessia apoyó ambos codos sobre la mesa y juntó las manos delante de la boca.

—Bueno, algo es seguro. Si va a ese lugar, seguramente no estará solo.

—No —concordé—. Estarán los ucranianos, eslovacos y sus propios hombres. Será una carnicería.

—Lo será —respondió Artem sin apartar la mirada de la mesa—. Pero seguir como estamos también lo es. Los nuestros no han dejado de morir durante todo este tiempo y con cada batalla que perdemos, Leonid se fortalece más y más.

Nadie pudo discutir eso. Porque era la maldita verdad. Cada uno de nuestros planes terminaba siendo una ida directa al matadero. Cada movimiento pequeño terminaba con más muertos. Y eso significaba que seguir insistiendo en lo mismo era simplemente cavar más tumbas.

Ya no podíamos continuar de esa manera. Teníamos que hacer algo y pronto.

Apoyé ambas manos sobre la mesa y miré a todos uno por uno.

La miré de reojo. La determinación en su rostro era brutal, fría y peligrosa. Era exactamente lo que necesitábamos.

Apreté la mandíbula y asentí.

—Sí. La razón por la que vinimos a esta cabaña fue para ocultarnos solo mientras nos recuperábamos de nuestras heridas. Ya pasó un buen tiempo y ya estamos mejor, así que no podemos seguir ocultándonos mientras mis hombres dan su vida en el campo de batalla. ¿No les parece?

Fijé la mirada directamente en Artem, quien era el otro herido y quien siempre me había acompañado fielmente en cada batalla que había emprendido. Al igual que a mí, a él nunca le había dado miedo el peligro o la misma muerte y estaba seguro de que, así como yo, estaba harto de estar haciendo nada en ese lugar y no estar en medio de la acción, luchando cara a cara contra la mismísima muerte.

Tal y como lo esperaba, mi Sovietnik sonrió y asintió.

—Así es —dijo—. Ya hemos pasado demasiado tiempo enclaustrados en esta cabaña. Necesitamos un poco de peligro para sentirnos mejor y más vivos, no como unos ancianos decrépitos que están a punto de morir.

Nicolo y Paolo rieron por lo bajo, asintiendo y dándole la razón a Artem.

Alessia, que permanecía seria a mi lado, soltó un suspiro hondo y murmuró:

—Bueno, es hora de que empecemos a hacer nuestras maletas para regresar al campo de guerra.

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