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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 133

~MAKSIM~

Tomar la decisión de ir a Moscú a cortarle la cabeza a Leonid Petrov había sido más fácil que tomar la decisión de quién se quedaría atrás. Porque una cosa era lanzarme a la boca del lobo para arrancarle la cabeza a Leonid Petrov y otra muy distinta era decidir qué hacer con Mila, quien todavía no estaba preparada para enfrentarse a una misión suicida como a la que pensábamos enfrentarnos.

Aquello no era un golpe cualquiera. No íbamos a mover cargamentos. No íbamos a sabotear almacenes.

Íbamos a cazar a Leonid Petrov en su propio territorio y eso significaba sangre. Mucha. Algo para lo que Mila no estaba preparada.

La encontré en una de las habitaciones terminando de guardar municiones dentro de un bolso táctico.

Alzó la mirada apenas me vio entrar.

—¿Ya revisaste las rutas?

Asentí.

Cerré la puerta detrás de mí.

—Tú no vas a ir con nosotros.

Mila se quedó quieta. Sus manos dejaron de moverse sobre la cremallera del bolso.

—¿Qué?

Me apoyé contra la puerta.

—No vas a Moscú.

Su expresión cambió inmediatamente. Rabia. Incredulidad. Ofensa.

—¿Hablas en serio?

—Completamente.

—¿Por qué?

La miré directamente.

—Porque no estás lista.

Eso le dolió. Lo vi en la forma en que apretó la mandíbula.

—Llevo un mes entrenando.

—Y eso no te prepara para lo que vamos a hacer.

Mila soltó una pequeña risa amarga.

—Claro.

Ya conocía ese tono. El mismo que usaba cuando creía que la estaba tratando como una niña.

—Esto no es entrenamiento, Mila. Esto es guerra.

—Lo sé.

—No. No lo sabes.

Su mirada se endureció.

—¿Y cuándo voy a saberlo, Maksim? ¿Cuando tengas sesenta años y decidas que ya puedo sostener un arma sola?

Solté aire lentamente.

—No hagas esto más difícil.

—¿Más difícil para quién?

Buena pregunta.

Porque no sabía si aquello me estaba jodiendo más a mí o a ella.

Di un paso hacia adelante.

—Alessia y yo hemos tomado una decisión. Te quedarás con Bruno Cardinale.

Eso sí logró hacerla callar.

Sus cejas se alzaron inmediatamente.

—No te estoy dejando atrás porque crea que eres débil —aclaré.

—Suena exactamente así.

Me acerqué más. Lo suficiente para que entendiera que no estaba hablando como Pakhan, sino como su hermano.

—Te estoy dejando atrás porque sigo cuidándote como mi hermana a la que no quiero que nadie lastime.

Su rostro cambió apenas. Solo un poco. Pero lo suficiente.

—Porque si algo te pasa en Moscú, no podría seguir viviendo.

Mila bajó la mirada un segundo. Después volvió a levantarla.

—Odio esto.

Asentí.

—Yo también.

El silencio entre nosotros pesó varios segundos antes de que ella hablara otra vez.

—¿Cuándo nos vamos?

—En una hora.

Mila tragó saliva.

—Entonces supongo que no tengo demasiado tiempo para discutir.

Negué y sonreí.

—No.

Vi cómo volvía lentamente al bolso, pero esta vez no para empacarlo para Moscú, sino para sacar sus cosas. Las que se llevaría a Italia.

Y por alguna razón, eso hizo que la decisión se sintiera mucho más real, más pesada y más jodida.

Porque dejar a Mila bajo la protección de Bruno Cardinale era admitir algo que no quería aceptar: que esta vez no podía protegerla yo mismo.

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