~MILA~
Cada segundo que pasaba y en el que Maksim no volvía junto con los Ravelli se sentía como una maldita tortura mientras mu mente comenzaba a recrear los peores escenarios posibles.
El corazón me latía desbocado por la preocupación. Es que ya me imaginaba a Maksim fusilando a Nicolo y a Paolo en el jardín de la mansión Cardinale, así como Alessia había fusilado a los traidores de la Camorra dos días antes.
Ya no podía esperar ni un segundo más sin saber qué diablos estaba pasando, así que, presa de la desesperación, comencé a quitarme las sábanas de encima y me bajé de la cama decidida a ir a buscarlos y a detener lo que fuera que Maksim les estuviera haciendo.
—¿Qué se supone que estás haciendo? —cuestionó Alessia con su tono demandante y se apresuró a acercarse para detenerme.
—Ya no puedo seguir aquí —murmuré, poniéndome en pie sin importarme nada—. Necesito saber qué está pasando. Maksim puede estar matando... O, peor aún, torturando a Nicolo y a Paolo y yo aquí, acostada tranquilamente.
El dolor en mis costillas, en mis piernas y en cada jodido músculo de mi cuerpo se sintió como el infierno, pero ni eso iba a detenerme. Tampoco el mareo que me atacó y que provocó que el mundo a mi alrededor girara a mil revoluciones por segundo, casi lanzándome de vuelta a la cama.
—Mila, estás exagerando. Maksim no está matando ni torturando a nadie —rebatió Alessia, defendiendo a Maksim como si no lo conociera perfectamente.
—¿Exagerando? —exclamé indignada y viéndola a los ojos—. Es de Maksim de quien estamos hablando. Con él nunca se exagera nada cuando se piensa lo peor.
La doctora Amato se acercó e intercedió.
—Mila, la signora Cardinale tiene razón. Estás en un proceso de recuperación y lo mejor es que descanses y no te esfuerces todavía. Hazlo por ti y por el bienestar del bebé que estás esperando.
Una mezcla de irritación y rabia me atravesó, encendiendo mi sangre.
Me pasé las manos por el rostro con frustración.
Alessia se me quedó viendo y noté la comprensión en su mirada, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa, alguien más habló y me sacó un susto de muerte.
—¿Solamente esas objeciones tienes o hay alguna otra que deba saber?
Dando un respingo por el susto, me llevé la mano al pecho y ahogué un grito antes de girar la cabeza y encontrarme con Maksim. Estaba parado bajo el umbral de la puerta y detrás de él se encontraban Nicolo y Paolo, viéndome con algo bastante parecido al orgullo.
Supongo que esa mirada se debía a que también habían escuchado lo que yo había dicho y debí alegarme porque me escucharon y se sintieron orgullosos de mí.
El problema era que, en ese momento, el arranque de valor se me había esfumado y, al ver los ojos endurecidos de mi hermano, me sentí tan pequeña como una niñita de cinco años.
M****a.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...