~ARTEM~
Me alejé unos pasos de la sala antes de responder, aunque no lo suficiente para perder completamente de vista a Mina.
Había mirado la pantalla del teléfono esperando encontrar cualquier nombre menos el de Maksim, especialmente después de la conversación que acababa de quedar interrumpida. Herminia había estado a punto de decirme algo. Estaba seguro. Había reconocido perfectamente esa vacilación, la manera en que había apartado la mirada mientras discutía consigo misma y finalmente había vuelto a verme como si acabara de decidir que podía confiarme aquello que todavía guardaba. Entonces mi maldito teléfono había sonado.
Contuve el fastidio y acepté la llamada mientras caminaba hacia uno de los ventanales.
—¿Qué pasó?
—Necesito que regreses.
Fruncí el ceño.
—Acabo de llegar.
—Ya lo sé.
—Entonces también sabes que todavía tengo pendiente la reunión con Valdés cuando me mandes la contrapropuesta.
—Valdés puede esperar.
El tono de Maksim consiguió que mi irritación disminuyera un poco.
No estaba llamándome para discutir algún detalle insignificante de la organización y tampoco parecía interesado en perder tiempo explicándome cosas que podían esperar.
Miré otra vez hacia Mina y la encontré observándome atentamente, pero cuando sus ojos se encontraron con los míos, desvió la mirada con rapidez, fingiendo que no me estaba mirando.
—¿Qué ocurrió? —pregunté, regresando a Maksim.
—Perdimos un cargamento anoche.
Mi mandíbula se tensó.
—¿Qué cargamento?
Maksim me explicó cuál y reconocí inmediatamente la operación. No era uno de los movimientos más grandes que teníamos, pero tampoco algo que cualquier hijo de puta pudiera conocer. La ruta se había cambiado apenas unas horas antes de la salida y solamente un grupo reducido de hombres había recibido la ubicación definitiva.
—¿Lo interceptaron? —pregunté.
—Sí. Sabían exactamente por dónde iba a pasar, a qué hora y cuántos hombres lo escoltaban.
Aquello eliminó de inmediato varias posibilidades.
—Entonces alguien habló.
—Supongo que sí.
Me giré hacia el ventanal.
—Blyat.
—Ya revisamos quién tenía acceso a la información —continuó Maksim—. Hay uno que no me gusta.
—¿Quién?
Me dio el nombre de uno de nuestros hombres y traté de recordar cualquier detalle reciente que pudiera resultar sospechoso. No encontré ninguno de inmediato, pero tampoco esperaba que un traidor competente llevara una puta señal colgada al cuello anunciándolo.
—¿Qué tienes contra él?
—Movimientos de dinero que no puede justificar y dos llamadas que no deberían estar en su registro. Además, desapareció durante varias horas después del ataque.
—¿Lo tienes?
—Sí. Está abajo.
Eso significaba que ya lo habían llevado a uno de los lugares que utilizábamos cuando una conversación podía requerir métodos menos amables.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...