~MAKSIM~
Salí del despacho con Artem a mi lado, todavía hablando de trabajo, de rutas, de números y de decisiones que no podían esperar. Mi cabeza estaba donde debía estar, enfocada, fría, analizando cada posibilidad… hasta que dejé de estarlo, porque fui desconcentrado cuando las vi bajando las escaleras.
Mila venía primero, relajada, como siempre, utilizando uno de esos diminutos trajes de baño que siempre usaba y que no me molestaban, ni siquiera por el hecho de que mis hombres pudieran verla con malicia.
Alessia venía detrás… y fue en ella donde se clavó mi mirada.
No en su cara. No en su maldita actitud. Sino en la puta ropa que llevaba puesta.
Un escote más pronunciado que el del día anterior y unos shorts absurdamente cortos que dejaban demasiado a la vista porque apenas y le cubrían el culo.
Era demasiado.
Sentí el cambio en mi expresión antes incluso de procesarlo, un gesto que intenté controlar de inmediato, recordándome que no era asunto mío, que no tenía ningún derecho, que no debía importarme.
No debía.
Pero maldita sea. Me importó.
Y cuando desvié la mirada hacia Artem y lo vi mirándola también… algo en mí se tensó de golpe.
Como si me hubieran encendido por dentro.
—Buenos días —saludó Mila con naturalidad.
Artem respondió.
—Buenos días, Mila Volkova. Alessia Volkova.
Alessia no dijo nada, solo le sonrió con amabilidad y a mí ni me miró. Torció el gesto y el rostro en otra dirección.
Eso también me irritó.
—¿A dónde van? —preguntó Artem.
—A la piscina —respondió Mila con una sonrisa.
—Oh, qué bien…
No lo soporté más.
—¿Y piensas salir vestida de esa manera?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla, dirigida directamente a Alessia, pero ella fingió no haber escuchado o entendido. Así que tuve que ser más claro.
—¿No me escuchaste, Alessia?
Ella se detuvo y giró apenas la cabeza hacia mí.
Levantó una ceja y se señaló el pecho con gesto exagerado.
—¿Me hablas a mí?
Gruñí.
—Sí. A ti.
Parpadeó, con una calma que me sacó más de quicio que cualquier grito, y recorrió su propio cuerpo con la mirada.
—¿Y qué hay de malo en cómo voy vestida?
Sentí un tic en el ojo, como si este estuviera a punto de estallar.
—Pensé que había sido claro contigo ayer —dije entre dientes, mordiendo cada palabra— sobre la ropa que te pones.
Sonrió. No con dulzura. Con ironía.
—Y yo pensé que te había dejado claro que lo que me pongo no es asunto tuyo.
Se encogió de hombros con despreocupación.
—Así que… con el permiso de ustedes. —Miró a Mila—. ¿Seguimos?
Y se fue sin esperar.
Otra vez.
La vi alejarse, sintiendo cómo la rabia me subía por el pecho, como si fuera a reventar. Quería ir tras ella. Quería detenerla. Quería arrancarle esa maldita actitud de encima, junto con esa ropa de m****a, y hacer que entendiera de una vez por todas que no podía hacer lo que quisiera en mi casa.
Ya estaba dando el paso cuando algo me detuvo.
Artem.
Lo miré.
Tenía una sonrisa pequeña y molesta en su maldita cara de sabelotodo.
—¿Tú de qué m****a te ríes? —gruñí.
No lo ocultó.
Soltó una carcajada.
—¿Ves? —dijo—. Te lo dije. Pronto vas a cambiar tu dieta.
Eso no ayudó.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...