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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 26

~MINA~

Artem regresó a la sala unos minutos después y no necesité preguntarle para saber que algo había cambiado. La expresión con la que había contestado el teléfono ya me había dado una pista, pero ahora tenía la mandíbula más tensa y esa seriedad que aparecía en su rostro cuando se convertía en el hombre peligroso que yo sabía que era, aunque conmigo nunca se hubiera comportado de esa manera.

Me puse tensa mientras lo observaba acercarse, esperando que me dijera qué demonios había ocurrido para que estuviera así.

—¿Qué sucede? —me apresuré a preguntar.

—Tengo que regresar a Chicago —respondió.

Parpadeé.

—¿Cómo que tienes que regresar?

—Hoy mismo.

La sorpresa debió notarse demasiado en mi cara porque Artem me sostuvo la mirada mientras yo trataba de procesarlo.

Había regresado apenas el día anterior. Ni siquiera había pasado suficiente tiempo para cumplir la promesa de empezar a enseñarme defensa personal y ahora ya estaba diciéndome que se marcharía otra vez.

—Pero ¿no tenías una reunión pendiente con León Valdés?

—Tendrá que esperar. Surgió un problema y necesitan que vuelva.

—¿Es algo grave?

—Lo suficiente.

No añadió nada más y entendí que tampoco pensaba hacerlo. Había cosas de su trabajo sobre las que no iba a ponerse a hablar conmigo y yo no necesitaba conocerlas. Bastante tenía ya con saber que el hombre que me había recogido de una carretera trabajaba para una mafia rusa y hacía negocios con narcotraficantes mexicanos.

—Entonces supongo que nuestro entrenamiento también tendrá que esperar —deduje.

—Sí.

Bajé la vista para evitar que notara la pequeña decepción que me produjo aquella respuesta.

Era ridículo.

Artem tenía una vida en Estados Unidos, responsabilidades y personas que dependían de él. No podía quedarse en Sinaloa porque yo necesitara compañía o porque me hubiera emocionado con la idea de aprender a defenderme. Además, llevaba años arreglándomelas sola dentro de circunstancias muchísimo peores.

—No pasa nada —dije, encogiéndome de hombros—. Vete. Yo voy a estar bien. La doctora Robles viene seguido y ya puedo moverme mejor con las muletas.

Artem no respondió inmediatamente.

—¿Estás segura?

—Ay, güero, no soy una niña. —Le hice un gesto con la mano—. Ve a hacer lo que tengas que hacer. Yo me las arreglo.

Su mirada permaneció sobre mí durante unos segundos y tuve la impresión de que estaba intentando decidir si realmente me creía.

Después asintió, pero en lugar de alejarse se quedó allí, frente a mí.

—Antes de que sonara el teléfono estabas a punto de decirme algo —señaló.

Sentí cómo mis hombros y todo mi cuerpo se tensaban.

Así que lo había notado.

Volví a bajar la mirada.

—No sé de qué hablas.

—Sí sabes.

No insistí en mentir. Tampoco levanté la cabeza.

Aquello que había estado a punto de contarle seguía atrapado dentro de mí, igual que durante los últimos seis años, y de repente la idea de sacarlo otra vez me producía un nudo en el estómago. Artem podía haberme demostrado muchas cosas durante aquellos días, pero seguía siendo un hombre al que apenas conocía. Un hombre metido en el mismo mundo de violencia que Ezequiel, aunque hasta ahora hubiera demostrado ser completamente diferente a él.

—No te estoy pidiendo que me lo cuentes —dijo cuando no obtuvo más respuesta de mi parte.

Levanté lentamente los ojos.

Artem tenía la expresión seria.

—Sé que todavía no confías completamente en mí y tienes motivos para no hacerlo. Apenas me conoces y, por lo que me has contado, los hombres de este mundo que conociste antes fueron unos hijos de puta.

No pude discutir eso.

—Solo quiero que, cuando llegue el momento en que sientas que me he ganado tu confianza, me lo cuentes. —Su mirada no se apartó de la mía—. Y si eso que estás guardando es algo en lo que necesitas ayuda, no dudes en pedírmela. Haré lo que esté en mis manos.

LDTDMR C26: DEBO REGRESAR A CHICAGO 1

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