Entrar Via

LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 33

~MINA~

Había esperado exactamente lo contrario. Quería que Artem me dijera que sí, que aquel hombre peligroso que había recorrido las esquinas y después había levantado la cabeza hacia mi ventana estaba allí porque él mismo lo había puesto a vigilar el edificio. Habría sido incluso lógico.

Artem sabía que Ezequiel seguía buscándome, tenía hombres, contactos y recursos suficientes para mandar a alguien sin molestarse en avisarme, y yo podía haber pasado dos días enteros asustándome como una pendeja mientras alguno de sus hombres simplemente comprobaba que nadie se acercara al departamento. Pero esa explicación acababa de desaparecer con su respuesta.

El teléfono comenzó a vibrar antes de que pudiera responderle.

Artem me estaba llamando.

Deslicé el dedo por la pantalla y me llevé el aparato al oído mientras me ponía de pie con cuidado.

—¿Güero?

—¿Qué está pasando?

No hubo saludo ni ninguna de las tonterías con las que habíamos empezado a acostumbrarnos a nuestras llamadas. Su voz sonaba completamente seria.

Tragué saliva.

—Hay un coche oscuro estacionado frente al edificio. Tiene los vidrios completamente polarizados y lo he visto varias veces.

Hubo una pausa breve al otro lado.

—¿Varias veces cuántas?

—Ayer estaba allí. El día anterior también lo vi.

—¿Desde hace dos días estás viendo el mismo coche frente al edificio y hasta ahora me lo dices?

El tono hizo que frunciera el ceño.

—¡Porque es un puto coche estacionado en una calle, Artem! ¿Qué querías que hiciera? ¿Llamarte gritando que Ezequiel me encontró solo porque un cabrón decidió estacionarse dos días en el mismo lugar?

—Quería que me avisaras.

—Pues yo quería no estar viendo peligros donde no existen.

La respuesta salió más brusca de lo que pretendía, pero no me arrepentí.

—Pensé que estaba exagerando —admití finalmente—. A lo mejor el coche pertenece a alguien del edificio o de los apartamentos cercanos. Yo qué sé. No puedo pensar que todo lo que me parezca raro tiene que ver con Ezequiel.

—¿Hay algo más?

Apreté los labios.

—Sí.

—¿Qué?

Me senté en el borde de la cama.

—Anoche vi a un hombre.

La respiración de Artem cambió apenas, lo suficiente para que supiera que acababa de prestar todavía más atención.

—Explícame.

Le conté punto por punto, sin omitir nada, todo lo que había pasado con el hombre de la calle la noche anterior.

—¿Era el mismo hombre que salió del coche esta mañana?

—No sé. Anoche estaba demasiado oscuro para verle la cara.

—¿Y qué hizo el de ahora?

Miré hacia la ventana sin acercarme.

—Salió del coche y empezó a caminar por las esquinas. Se detenía, miraba hacia ambos lados, avanzaba un poco y volvía a hacer lo mismo. Después regresó al automóvil.

—¿Eso fue todo?

—Antes de entrar levantó la cabeza y miró hacia mi ventana.

La voz de Artem llegó más baja.

—¿Te vio?

Me pasé una mano por el cabello.

—No sé.

—Herminia.

—¡Que no sé, güero! —espeté, más cagada que un palo de gallinero—. Lo vi mirar hacia acá y me quité. No sé si alcanzó a verme antes.

Esta vez Artem no respondió inmediatamente.

Incapaz de quedarme quieta, caminé despacio por la habitación procurando no cargar demasiado peso sobre el pie.

LDTDMR C33: PREPÁRATE 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO