Otros cuantos días después...
~MAKSIM~
—Si Valdés vuelve a exigir exclusividad sobre esa ruta, dile que no estoy dispuesto a cederla —dije, cerrando la carpeta que acababa de revisar—. Podemos negociar porcentajes, tiempos de entrega o territorios, pero esa ruta no.
Artem asintió desde el otro lado del escritorio y tomó los documentos.
—Se lo dejaré claro.
Me recliné en la silla y me quedé observándolo unos segundos. Habíamos trabajado juntos durante tantos años que ya no necesitaba demasiadas palabras para darme cuenta de cuándo algo andaba diferente. No peor. Diferente.
Artem seguía siendo el mismo hombre eficiente, el mismo Sovietnik en quien confiaba mi vida, pero desde hacía un tiempo regresaba de México con una expresión distinta. Más relajado. Incluso sonreía más de lo habitual.
—¿Cuándo vuelves? —pregunté.
—El martes.
Asentí lentamente.
—Otra vez.
—Las negociaciones con Valdés todavía no terminan.
—Ya lo sé.
Hubo un breve silencio mientras él ordenaba los papeles dentro de la carpeta. Cuando terminó, levantó la vista hacia mí.
—¿Qué?
Sonreí apenas.
—Hay algo que no termina de convencerme.
—¿Sobre Valdés?
Negué.
—Sobre ti.
Artem arqueó una ceja.
—¿Sobre mí?
—Cada vez encuentras una razón distinta para quedarte un poco más en México. Una reunión inesperada, una cena de negocios, una visita a un almacén, un recorrido por una nueva ruta... Siempre hay algo.
Se encogió de hombros con aparente tranquilidad.
—Las negociaciones importantes requieren tiempo.
—No es eso lo que me llama la atención.
Apoyé los codos sobre el escritorio y entrelacé los dedos.
—Lo que me llama la atención es que antes eras el primero en querer volver a Chicago y ahora pareces buscar cualquier excusa para retrasar el vuelo de regreso.
Artem soltó una pequeña risa... nerviosa.
—Estás imaginando cosas.
—¿Sí?
—Sí.
—Curioso.
—¿Qué tiene de curioso?
—Que llevo años trabajando contigo y nunca te había visto regresar de un viaje con esa cara.
Frunció el ceño.
—¿Qué cara?
—La de un hombre al que parece que le está yendo demasiado bien.
Resopló divertido y negó con la cabeza.
—Te aseguro que negociar con León Valdés dista mucho de irme demasiado bien.
—Lo sé, pero en cambio, cada vez que vuelves de México, parece que vuelves de vacaciones y no de trabajo.
Nuestros ojos se encontraron.
Conocía demasiado bien a ese hombre. Lo había visto mentir durante interrogatorios, negociar con enemigos y mantener la calma mientras le apuntaban con un arma a la cabeza.
Pero también sabía reconocer cuándo una pregunta lo tomaba por sorpresa y aquella lo había hecho.
—¿Hay alguien en México? —pregunté sin rodeos.
Artem desvió la mirada apenas un instante. Solo uno y eso fue suficiente.
Sonreí.
—Así que sí.
—No he dicho eso.
—Tampoco lo negaste.
Soltó un suspiro resignado y terminó dejándose caer sobre la silla frente a mi escritorio.
—No es lo que crees.
—Entonces explícamelo.
Se quedó callado unos segundos. Parecía debatirse entre seguir inventando excusas o contarme la verdad. Finalmente apoyó ambos antebrazos sobre las piernas y levantó la vista.
—Maksim... yo... La verdad es que...
Tres golpes suaves interrumpieron la confesión.
«Maldita sea.»

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...