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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 46

~MINA~

A la mañana siguiente, Artem decidió que ya había tenido suficiente de verme desarmar y volver a armar una pistola sobre una mesa como si estuviera jugando con un pinche rompecabezas para adultos y que había llegado el momento de que aprendiera a dispararla de verdad.

La noticia me emocionó mucho más de lo que probablemente debería entusiasmar a una persona normal. Pero yo ya había aceptado hacía tiempo que mi concepto de normalidad se había ido derechito a la chingada.

La propiedad donde nos estábamos quedando era lo suficientemente grande y apartada como para que Artem pudiera llevarme hasta una zona despejada detrás de la casa, bastante alejada de la carretera y rodeada por terreno árido, vegetación baja y algunos árboles dispersos. Había colocado un blanco a una distancia que, según él, era apropiada para alguien que jamás había disparado un arma en su vida y, por supuesto, también había llegado cargando una pequeña caja con municiones, protectores para los oídos y todo lo necesario como si aquello fuera la cosa más cotidiana del mundo.

Para él seguramente lo era. Para mí no tanto.

Me acomodé los protectores alrededor del cuello mientras observaba la pistola que sostenía Artem y sentía cómo los nervios comenzaban a instalarse lentamente en mi estómago.

Una cosa había sido manipularla descargada la tarde anterior y otra bastante diferente saber que ahora, cuando apretara el gatillo, una bala realmente iba a salir disparada.

—Antes de que empieces —dijo Artem mientras comprobaba el arma—, quiero que recuerdes todo lo que te expliqué ayer. El dedo fuera del gatillo hasta que estés preparada para disparar, nunca apuntes a algo que no quieras destruir y no hagas ninguna estupidez.

Torcí la boca.

—Esa última regla está muy general.

Levantó la mirada hacia mí.

—Contigo necesito que sea general.

—Qué gracioso.

—No era un chiste.

—Pues sonó como uno.

Artem negó y terminó de revisar el arma antes de extenderla hacia mí.

—Tómala.

Lo hice con cuidado.

Aunque ya la había tenido muchas veces entre las manos desde que empezamos el entrenamiento, sentir su peso sabiendo que estaba cargada hizo que automáticamente la sujetara con mucha más precaución.

—No tengas miedo del arma —indicó—. Respétala. Es diferente.

—No tengo miedo.

—Estás apretando la empuñadura como si intentaras estrangularla.

Bajé la mirada hacia mis manos y aflojé ligeramente los dedos.

—Estoy... respetándola mucho.

Artem soltó una risita.

—Claro.

—No te burles, güero. Tú probablemente aprendiste a disparar antes de aprender a limpiarte la cola.

—No exageres. Tenía siete.

Giré inmediatamente la cabeza hacia él.

Artem me sostuvo la mirada con absoluta seriedad durante dos segundos antes de que una sonrisa apenas perceptible apareciera en una de las comisuras de sus labios.

—Cabrón —mascullé.

—Concéntrate.

Me colocó frente al blanco y empezó a explicarme cómo debía posicionarme. Por culpa del pie todavía no podía mantener exactamente la postura que él habría querido, así que la adaptó para que no cargara demasiado peso sobre la pierna lesionada.

Artem permaneció a cierta distancia mientras me indicaba qué corregir y yo intenté seguir todas sus instrucciones, aunque cada vez que levantaba el arma me parecía que había veinte cosas diferentes que tenía que recordar al mismo tiempo.

—Los hombros menos tensos —ordenó.

Intenté relajarlos.

LDTDMR C46: DEBÍA SER NERVIOS 1

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