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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 47

~MAKSIM~

Lo había hecho. Maldita sea. Lo había hecho.

Eso que tanto me costaba admitir, o, mejor dicho, que no quería admitir porque iba en contra de mi buen juicio, al fin había salido de mi puta boca.

M****a. Si el imbécil de Artem me hubiera escuchado estoy seguro de que se habría cagado de la risa al verme en semejante situación.

Yo estaba seguro de que me había puesto rojo, porque mi cara estaba ardiendo por la vergüenza, pues eso era lo más cercano a una declaración romántica que había hecho en mi puta vida y no estaba acostumbrado a eso.

No estaba acostumbrado a revelarle mis sentimientos a ninguna mujer que no fuera Mila, y ya de por sí con ella también era una m****a esos sentimientos.

Hacerlo me hacía sentir expuesto, débil, vulnerable de una forma en la que imaginaba que los demás podían usar esa debilidad en mi contra, incluso la misma Alessia. La misma mujer a la que había rechazado y le había prometido jamás verla como mujer ni darle un lugar en mi vida, y ahora me tenía jodidamente en sus manos, para dejar que hiciera conmigo lo que le viniera en gana.

M****a. M****a. M****a.

Estaba completamente jodido.

Y lo peor era que, aunque lo sabía; aunque sabía que con este gran poder que le estaba otorgando a esta mujer, no me iba a echar para atrás ni me iba a retractar, porque, maldita sea sí, quería que me siguiera jodiendo la puta vida.

Por un instante, uno solo, Alessia pareció perder esa calma que había mantenido hasta entonces y lució sorprendida, impactada incluso por lo que le había dicho.

Luego parpadeó y volvió a tener esa expresión imperturbable en su rostro. Bajó la mirada mirando al suelo por una fracción de segundo, tomó aire y volvió a mirarme a los ojos para preguntar:

—¿Lo dices en serio?

—Muy en serio. Sí.

Asintió y guardó silencio por un momento. Después, se puso en pie y caminó unos pasos, dándome la espalda, como si analizara lo que estaba pasando.

Su actitud me desesperó. Quería que dijera algo. Cualquier cosa, pero que no me dejara ver como el imbécil que acababa de mostrarle su lado más débil y luego me echara de su habitación como si nada.

—¿Qué tienes para decirme? —cuestioné, sí forzándola a darme una respuesta cuanto antes.

Se giró, enfrentando su mirada a la mía.

—Pero... ¿Cómo puedo estar segura de que lo que estás diciendo es real y no simples palabras lanzadas al viento para endulzarme el oído y llevarme a la cama?

Parpadeé varias veces, contrariado porque estuviera dudando, después de que le había revelado algo tan difícil de expresar para mí.

—¿Disculpa? ¿En serio estás dudando de mis palabras?

—Sí, lo estoy haciendo —afirmó—. Y creo que tengo todas las razones para hacerlo.

Abrí la boca para replicar, pero levantó su mano y me silenció.

—Quiero garantías, Maksim Volkov. Quiero que me demuestres con hechos lo que estás diciendo, y no simples palabras que el viento se puede llevar.

Me llevé las manos a la frente y me masajeé con brusquedad.

Esta mujer me desesperaba en todos los sentidos de la palabra, pero ahí estaba yo, como un completo imbécil, rendido ante ella y dispuesto a hacer cualquier m****a que se le ocurriera a su maldita cabeza.

—¿Qué es lo que quieres, eh? —mordí las palabras, mostrándole mi irritación—. ¿Quieres que me arrastre y te pida perdón por haberte insultado y tratado mal? ¿Quieres que me humille delante de ti, más de lo que ya lo he hecho? ¿Quieres que bese este puto suelo por el que has caminado, así como me juraste que ibas a conseguir que hiciera?

Ella sonrió, exasperándome más.

—Bien. Si es lo que quieres... —gruñí, no solo enfadado con ella, sino también conmigo mismo por ser tan pendejo—. Lo haré.

Estaba a punto de arrodillarme en el suelo y humillarne delante de ella para demostrárselo, cuando habló:

—Suena tentador. Muy tentador, créeme. Y nada me gustaría más que obligarte a hacerlo, pero no. No es eso lo que quiero.

—¿Ah, no? Entonces... ¿qué es lo que quieres?

¿QUÉ ES LO QUE QUIERES? 1

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