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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 47

~MINA~

—Ponte los protectores —indicó, sacándome de mis pensamientos.

Obedecí.

Artem se colocó los suyos y después me hizo una señal para que levantara el arma.

Respiré profundamente, apunté hacia el blanco y traté de recordar absolutamente todo lo que me había explicado.

—Cuando estés lista.

Puse el dedo en el gatillo y disparé.

El estruendo me sobresaltó incluso a través de los protectores y el retroceso hizo que mis brazos se elevaran mucho más de lo que esperaba. Di un pequeño respingo y bajé inmediatamente el arma, manteniéndola apuntada hacia el suelo.

Artem me observó.

—No estuvo mal.

Lo miré esperanzada.

—¿En serio?

Se volvió hacia el blanco.

—Si tu intención era asesinar el aire que está a medio metro de la silueta.

Mi esperanza murió instantáneamente.

—Chinga tu madre.

Se rio.

—Te dije que no estaba mal para ser el primer disparo.

—No dijiste eso.

—Lo estoy diciendo ahora.

—Solo porque te mandé a chingar a tu madre.

—Mi madre no tiene nada que ver con tu pésima puntería.

Lo miré con los ojos entrecerrados.

—Voy a aprender únicamente para dispararte a ti.

—Entonces quizá debería dejar de enseñarte.

—Cobarde.

Artem negó mientras todavía sonreía.

—Otra vez.

Volví a colocarme y levanté el arma. Esta vez estaba preparada para el ruido y el retroceso, así que el segundo disparo no consiguió sobresaltarme tanto. Tampoco acerté al centro, pero al menos la bala tocó uno de los extremos del blanco.

—¡Le di! —exclamé inmediatamente.

Artem levantó una ceja.

—Rozaste el borde.

—Le di.

—Apenas.

—Pero le di.

—Si eso hubiera sido Montalvo, probablemente solo le habrías hecho un agujero en la camisa.

—Por algún lugar se empieza.

—Me encanta tu optimismo.

Seguí practicando bajo sus indicaciones y los disparos empezaron a resultarme menos intimidantes con cada intento. Todavía me costaba controlar completamente el retroceso y mi puntería parecía tener voluntad propia, pero algunas balas comenzaron a quedar dentro de la silueta y eso bastó para que mi emoción aumentara.

Después de varios disparos, Artem volvió a observar mi postura.

—Estás levantando demasiado el hombro izquierdo.

Intenté bajarlo.

—No de esa manera.

Bufé.

—Ya vas otra vez.

—Necesito corregirte.

Giré apenas la cabeza.

—Pues corrígeme.

Artem no se movió.

—¿Puedo acercarme?

Algo me brincó dentro del pecho.

Qué pinche tontería.

—Sí, güero. No necesitas preguntarme cada cinco segundos.

—Sí necesito.

Lo dijo con tanta naturalidad que me quedé mirándolo.

—¿Por qué?

Artem se encogió ligeramente de hombros.

—Porque es tu espacio. Si necesito entrar en él, tú decides si puedo hacerlo.

No supe qué responder. Simplemente asentí y volví a mirar hacia el blanco mientras él se acercaba.

Artem podía matar a un hombre sin pestañear. La noche anterior me había contado con una tranquilidad escalofriante que había matado personas, torturado personas y hasta disfrutado algunas de esas cosas. Yo misma lo había visto disparar contra los hombres de Ezequiel sin titubear cuando había ido a sacarme de aquel edificio.

Pero conmigo pedía permiso hasta para acercarse lo suficiente como para acomodarme un brazo. Aquella contradicción debería haberme resultado imposible de comprender. En cambio, me hacía sentir segura.

Artem se colocó detrás de mí, ligeramente hacia un costado, dejando suficiente espacio entre nuestros cuerpos para no tocarme más de lo necesario.

Era extraño, pero parecía que a mí cuerpo no le gustaba aque hubiera aquel espacio.

LDTDMR C47: ÉL ES EL PROBLEMA 1

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