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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 48

~ALESSIA~

Me incorporé lentamente en la cama, llevándome una mano a la frente mientras cerraba los ojos un instante, intentando ignorar ese leve dolor que pulsaba en mis sienes, pero no desapareció.

Resoplé con fastidio y me levanté, decidida a no quedarme más tiempo dándole vueltas a algo que ya estaba bajo control. Porque sí, lo estaba. Maksim había dado el primer paso y eso era todo lo que importaba.

Ahora había algo mucho mas importante y tenía que ocuparme de ello. Así que salí de la habitación con un único objetivo claro en mente: avanzar en lo que realmente importaba. Porque mientras ese hombre se debatía entre su orgullo y su deseo, yo no tenía tiempo para perder en indecisiones. Había alguien que debía pagar por lo que ocurrió el día de la boda, y cada minuto que pasaba sin actuar era un minuto desperdiciado.

Recorrí el pasillo con paso firme, ignorando cualquier distracción, y bajé directamente en busca de Nicolo y Paolo.

En cuanto me vieron, ambos enderezaron la postura con respeto y me saludaron:

—Buongiorno, signora.

—Buongiorno —los saludé a ambos con un ligero cabeceo y los miré.

Ellos me ofrecieron una inclinación de cabeza y se pusieron atentos a lo que tenía que decirle.

—Necesito saber qué más han averiguado —dije sin rodeos, cruzándome de brazos mientras los miraba fijamente—. Sobre Irina Petrova.

Nicolo intercambió una breve mirada con Paolo, como si se pusieran de acuerdo sin necesidad de palabras, y luego fue este último quien habló.

—Hemos seguido escuchando a los hombres de Volkov —explicó con tono serio—. Lo que se dice entre ellos es bastante consistente. Están seguros de que Irina Petrova sigue en Moscú.

Mi atención se agudizó de inmediato.

—¿Seguros o especulando?

—Seguros —afirmó, sin vacilar—. No la han visto, no han dado con su ubicación exacta, pero todo apunta a que se esconde allí.

—Creen que su padre la está ayudando —intervino Nicolo esta vez—. Leonid Petrov la está protegiendo. Está cubriendo sus movimientos, ocultándola. Por eso los hombres de Volkov no han podido encontrarla todavía.

Asentí lentamente, procesando la información. No era una operación compleja, no era una jugada política elaborada, era algo mucho más simple y, por lo tanto, más peligroso: protección familiar. Un padre cubriendo a su hija. Un error.

Dejé escapar un suspiro leve, no de frustración, sino de determinación.

—Eso es suficiente —murmuré, más para mí que para ellos, aunque ambos me escucharon perfectamente.

Nicolo frunció ligeramente el ceño.

—¿Suficiente?

Levanté la mirada hacia ellos, fijando mis ojos en los suyos con una seguridad que no dejaba espacio para dudas.

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