Entrar Via

LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 5

~MINA~

Me quedé completamente inmóvil con la mano de Ezequiel cerrada alrededor de mi brazo y, durante un segundo que pareció eterno, fui incapaz de respirar. Sentía el cuchillo oculto en mi mano izquierda, pero todo el valor que había reunido para llegar hasta aquella puerta se había desmoronado.

El miedo regresó con una violencia conocida, clavándoseme en el pecho, paralizándome las piernas y devolviéndome de golpe a todos aquellos años en los que había aprendido que cualquier intento de desafiarlo terminaba en dolor.

—Te hice una pregunta —dijo, apretándome el brazo—. ¿Adónde vas?

Traté de tragar saliva.

—Al baño.

La mentira salió demasiado rápido.

Ezequiel permaneció callado un instante y sentí cómo sus dedos aumentaban la presión hasta hacerme daño.

—¿Al baño?

—Sí.

—El baño está ahí.

Giré lentamente el rostro hacia la puerta que comunicaba directamente con el cuarto de baño de la habitación y sentí que el estómago se me hundía.

Claro que estaba allí. Lo sabía. Había dormido en aquella habitación cientos de veces. Simplemente no había encontrado otra cosa que decir.

—No quería despertarte.

—¿Y por eso ibas a salir al pasillo?

No respondí.

Su mano tiró de mí y me obligó a darme la vuelta.

Ezequiel ya no parecía adormilado. Tenía el cabello desordenado y los ojos entrecerrados, pero la mirada estaba completamente despierta.

Primero me observó el rostro y después bajó lentamente hacia mi cuerpo. Yo apreté la mano izquierda contra el costado, intentando ocultar el cuchillo, aunque sabía que si se fijaba demasiado terminaría descubriéndolo.

—Mírame.

Lo hice.

El corazón me latía tan fuerte que casi me dolía.

—¿Estabas tratando de escapar?

—No.

—No me mientas.

—No te estoy mintiendo.

Su mandíbula se tensó.

—¿Crees que soy pendejo?

El tono fue suficiente para hacerme temblar.

Sentí el impulso desesperado de decirle que lo sentía, regresar a la cama, esconder el cuchillo y fingir que todo había sido un malentendido. Quizá todavía podía hacerlo. Quizá si me arrodillaba y le pedía perdón conseguiría que no me matara.

Pero no estaba dispuesta a humillar me más y a seguir soportándolo.

Apreté los dedos alrededor del mango.

Ezequiel me sostuvo la mirada y de pronto soltó una risa baja, sin humor.

—¿Piensas que me vas a engañar a mí, hija de mil putas?

Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

Me agarró del cabello y tiró de mi cabeza hacia atrás.

LDTDMR C5: MIEDO 1

LDTDMR C5: MIEDO 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO