Dos días después...
~ARTEM~
Mina ya había conseguido mejorar lo suficiente como para que al menos dejara de preocuparme la posibilidad de que terminara disparándose en un pie durante el entrenamiento.
No pensaba decírselo, por supuesto.
—Otra vez —ordené.
—¿Otra vez? Güero, ya llevo como cincuenta.
—Treinta y dos.
Mina bajó el arma y volteó a verme con los ojos entrecerrados.
—¿Los estás contando?
—Claro.
—Pinche obsesivo.
—Y tú sigues hablando demasiado.
—Eso no se me va a quitar nunca, así que ve resignándote.
Tuve que contener una sonrisa mientras ella volvía a colocarse frente al blanco.
Habíamos pasado los últimos dos días entrenando varias horas, sin excedernos por su pie, que continuaba mejorando, y aquella mañana había decidido hacerla practicar algo más que quedarse quieta disparando. Necesitaba aprender a moverse, mantener el arma segura y conservar la atención aunque tuviera cosas ocurriendo a su alrededor.
El problema era que distraer a Mina resultaba demasiado fácil.
Pero el problema todavía mayor era que ella empezaba a distraerme a mí.
—Piernas un poco más separadas —indiqué.
Lo hizo.
—¿Así?
—Un poco más.
Volvió a acomodarse y uno de sus rizos negros cayó sobre su mejilla. Mina resopló y trató de apartárselo con un movimiento de cabeza sin bajar el arma. Había recogido la mayor parte de su cabello, pero varios mechones se habían escapado y enmarcaban su rostro. Bajo la luz de la mañana, sus ojos parecían todavía más claros, de ese tono caramelo que había empezado a resultarme demasiado irresistible, y las pequeñas pecas sobre su nariz y sus mejillas resaltaban de una forma que no tenía ninguna razón para estar observando.
Sin quererlo, mi mirada bajó por su cuerpo y absorbió cada parte prominente de él... eran muchas.
Tetas enormes, culo infartante y unas piernas gruesas y bien torneadas... En pocas palabras, Mina era un buen trozo de carne jugosa.
M****a.
Un tic provocó que mi verga se estremeciera ante el pensamiento y tuve que obligarme a dejar de pensar semejante cosa con respecto a ella.
¿Qué carajo hacía yo viéndola así y pensando tales cosas?
—¿Qué? —preguntó de repente.
Parpadeé.
—¿Qué de qué?
—Me estás viendo raro.
—Estoy viendo tu postura —mentí—. Es una porquería.
Apretó la mandíbula, corrigió la postura que no estaba mal y volvió la mirada hacia el objetivo.
Yo maldije interiormente.
No me convenía empezar a fijarme en esas cosas.
Disparó y el tiro quedó demasiado a la izquierda.
—Mierda —gruñó enfadada consigo misma, aunque la culpa había sido mía por haberla hecho cambiar de posición.
—Sigues mal.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...