~ARTEM~
Llegamos al edificio poco después. Emiliano se enderezó en el asiento trasero cuando estacioné y miró alrededor con curiosidad. Mina también lo hizo, observando la fachada antes de volver hacia mí.
—¿Aquí vives?
—Sí.
Bajamos del automóvil y tomé el equipaje. No había demasiado, pero Mina intentó cargar una de las bolsas hasta que se la quité de la mano sin discutir. Emiliano llevaba sus carritos metidos en una mochila pequeña que le había comprado en una de las estaciones de gas en las que habíamos parado a cargar combustible. Tenía estampada la imagen del hombre araña y me di cuenta de que desde que la vió le había gustado, así que se la compré.
Herminia lo agarró de la mano y el pequeño caminó junto a ella mientras entrábamos al ascensor que llevaba desde el estacionamiento subterráneo hasta el piso treinta y dos, el último piso del edificio.
Yo estaba demasiado cansado para preocuparme por impresionar a nadie y demasiado ocupado intentando no pensar en las dos palabras que seguían repitiéndose en mi cabeza.
«Cásate conmigo.»
Mi departamento ocupaba bastante espacio del último piso, aunque nunca había necesitado demasiado de él porque la mayor parte del tiempo pasaba en casa de Maksim.
Era de concepto abierto, cocina amplia, sala, ventanales grandes que ofrecían una buena vista de la ciudad y un pasillo que conducía hacia las habitaciones. Mina entró detrás de mí y recorrió el lugar con la mirada mientras Emiliano se quedó mirando hacia las ventanas.
—Es bonito —dijo ella.
—Es un departamento.
—Eso no quita que sea bonito.
Dejé las bolsas junto al sofá.
—Cocina por allá. Hay comida suficiente por ahora. El baño está al fondo del pasillo. —Señalé las puertas conforme hablaba—. Esa habitación puede ser tuya. La de al lado está vacía, así que Emiliano puede usarla o dormir contigo esta noche, como prefieran. Mi habitación es la última.
Emiliano miró hacia el pasillo.
—¿Puedo ver mi cuarto?
—Claro, campeón.
El niño caminó hacia la puerta que le había indicado y Mina lo siguió un par de pasos con la mirada antes de volverse hacia mí.
—Güero...
—¿Qué?
—¿Ya podemos hablar de ese asunto?
Sabía perfectamente a qué se refería.
—Mañana.
—Pero...
—Mina, estoy cansado. Tú estás cansada. Emiliano está agotado aunque ahora parezca tener energía porque todo es nuevo. Vamos a dormir y mañana discutimos esa absurda propuesta con calma.
—No voy a cambiar de opinión por dormir unas horas.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...