~MILA~
—Es hora de levantarse.
Reconocí la voz de Alessia en medio de la bruma de sueño que empañaba mi mente.
Apretando los ojos con fuerza porque no quería abrirlos, arrugué el rostro y dejé escapar un quejido, antes de darme la vuelta y levantar las sábanas para taparme la cabeza. Todavía estaba tan cansada por lo que había estado haciendo toda la noche y sentía que no había dormido nada más que unos minutos.
—Vamos, Mila. Tienes que levantarte ya —insistió y me sacudió fuertemente por los hombros.
—Ay, joder. Déjame dormir otro poco que aún es temprano —protesté, haciendo berrinche como una niña pequeña que no quiere ir a la escuela, cuando me giré.
—¿Temprano? —murmuró y se rio—. Ya van a ser las dos de la tarde, Mila. Maksim se está preguntando por qué no has bajado.
Rápidamente me descubrí el rostro y la miré, con los ojos bien abiertos y levantándome como si me hubiesen puesto un resorte.
—¿Qué? ¿Las dos de la tarde? —exclamé, sobresaltada.
Alessia soltó una risita y sacudió la cabeza.
—¿Tan cansada te dejaron esos dos anoche? —Empezó a quitarme las sábanas—. ¿Qué tanto te hicieron?
Su boca se abrió formando una gran 'O' y se llevó las manos a la boca, cuando me quitó las sábanas y me miró.
—¡Dios mío! —exclamó—. Pero es que parece que te pasó por encima un tren de carga, porque tienes un montón de moretones por todo el cuerpo.
Volví a quejarme y negué con un movimiento de mi cabeza.
—Dos trenes italianos de carga —corregí y no exageraba en lo más mínimo.
No había un solo músculo del cuerpo que no me doliera. Y si hablábamos de mi entrepierna... Oh, infiernos. ¿Iba a poder caminar al menos o iba a necesitar una silla de ruedas para poder moverme?
Bajé la mirada hacia mi cuerpo y separé un poco las sábanas para poder verme.
—Mierda —murmuré y Alessia se rio.
—Te lo dije.
Volví a cubrirme, aplastando las sábanas contra mi pecho, como si con eso iba a lograr esconder todos los moretones que las bocas y las manos de los deliciosos italianos habían provocado en mi piel.
¿Cómo iba a hacer para cubrirlos y que mi hermano no los viera?
—Mierda, m****a, m****a —lloriqueé—. Maksim va a matarme.
Alessia volvió a reírse, como si mi desgracia le resultara divertida. Y sí, tenía que ser divertido el hecho de que mi pequeña aventura sexual me tuviera en aquella encrucijada.
Levanté la vista y la miré.
—¿Cómo voy a ocultar todos estos moretones para que Maksim no se dé cuenta lo que hice?
—Y no solo eso... —señaló Alessia—. Apestas a semen.
Mi nariz hizo un ligero movimiento mientras olía y también se arrugó al notar el tan peculiar aroma.
Las imágenes de los hermanos marcándome con los fluidos de su éxtasis cruzaron mi cabeza.
Solo ese recuerdo hizo que mi bajo vientre empezara a hormiguear.
—Creo que debes ir a darte un buen baño y cuando estés lista, avísame y vendré a ayudarte a cubrir esos moretones... al menos los que la ropa no podrá cubrir.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...