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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 51

Kennedy

Pero tenía que portarme normal. No podía actuar como esas intensas que siempre andaban detrás de Jeremiah, o como Amy la noche anterior. Aquellos alfas estaban acostumbrados a que las ofrecidas se les avienten todo el tiempo; niñas que solo querían una rebanada del Alfa y no al gigante que tenía el título.

Además, él no parecía muy feliz de tener que lidiar con una humana, aunque pensé que después de lo del día anterior estaría un poco más abierto conmigo.

Habíamos tenido un momento la noche anterior y luego otra vez en el campo de entrenamiento. Sabía que él también pudo sentirlo, lo vi en sus ojos aunque no quisiera admitirlo, pero aquel jueguito de coqueteo se iba a terminar cuando me regresara con Jeremiah, Rayna y los demás en unos días. Tal vez no lo volvería a ver nunca.

Solo necesitaba relajarme; era un lobo como todos los demás con los que convivía a diario. Debía tratarlo como a uno más de mis amigos. Un amigo muy grande, muy guapo y con toda esa energía de macho alfa.

“Es solo uno más de mis amigos. Uno más de mis amigos”. Esa era la frase que repetía en mi cabeza mientras él se subía al lugar del conductor. ¿Cómo podía verse tan atractivo solo por sentarse en una camioneta?

Bueno, el hecho de que no trajera camisa le ayudaba mucho. No tenía ni un gramo de grasa en aquel cuerpo marcado. Me preguntaba si estaría apretando los músculos todo el tiempo.

Ryker se aclaró la garganta. ¡Rayos!

Me encontró quedándomele viendo, pero no pude evitar recorrerlo con la mirada mientras la subía hacia su cara. Mi frase de control salió volando por la ventana cuando crucé la mirada con él y se sonrió con gusto.

Sabía lo que estaba haciendo y su ego acababa de crecer tres tallas. Tenía que romper aquel silencio de alguna forma. ¿Qué tenía él que me dejaba trabada? Era solo un tipo guapo. Siempre estaba rodeada de lobos atractivos. Me aclaré la garganta mientras intentaba que mi cerebro volviera a funcionar.

—¿Cómo le haces para saber siempre lo que estoy pensando? —solté, y quise esconderme por lo agresiva que sonó mi pregunta. No fue tan sutil como quería, pero ya ni modo, y eso se podía interpretar de muchas formas. Era una perdedora oficial.

—¿A qué te refieres? —preguntó él con esa sonrisita estúpida.

—Bueno, anoche... —Me detuve y él se me quedó viendo, con los ojos volviéndose más oscuros. No, no iba a tocar ese tema mientras estuviéramos los dos solos encerrados en aquel espacio tan chico. Me aclaré la garganta otra vez—. Pareció que entendiste que estaba nerviosa por bailar y me ayudaste. La verdad no suelo bailar canciones lentas si no es con mis amigos. Intento evitarlo, porque muchos se pegan de más. No me encanta que gente desconocida me esté tocando. —Podría jurar que escuché cómo ahogaba un gruñido—. Y luego, en ese momento, cuando me ofreciste traerme a la casa de la manada. Literalmente acababa de pensar que me había venido caminando y no sabía si mis amigos tenían espacio. Me lo ofreciste, bueno, más o menos, antes de que pudiera preguntar.

Me encogí de hombros, como si fuera simple. No lo era, pero también quería saber si iba a mencionar lo otro que había pasado la noche anterior, porque definitivamente también supo lo que yo necesitaba en aquel momento.

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Ryker hizo un sonido que pudo ser un resoplido de fastidio, o tal vez solo se estaba convenciendo a sí mismo de hablar conmigo. Él sabía por dónde andaban mis pensamientos; tal vez los suyos también estaban atrapados en aquel mismo recuerdo. Era un gran recuerdo.

—Mm, bueno, sobre el baile... eso fue fácil. Todos los demás ya tenían pareja y solo quedábamos tú y yo, así que... —Se encogió de hombros.

Agradecí internamente el golpe de realidad, señor Alfa. Tuve que esforzarme para no verme molesta o herida mientras mi ego sufría el impacto; lo que decía tenía sentido, supongo. Aunque yo esperaba un poco más. Como sea.

No debía estar peleando con el Alfa de la manada que estábamos visitando, pero tampoco iba a dejar que me hablara con superioridad.

Me miró de reojo por mi tono de voz y su expresión cambió.

—Eh... —Tosió—. Eres una cara nueva en la manada y una muy guapa. Luego les pediste ayuda después de haberles puesto atención. Cada uno de esos niños quería ser tu héroe y tú les seguiste el juego.

Se mordió el labio con las cejas levantadas, esperando que aceptara el cumplido envuelto en un insulto. Eso no fue lo que pensó originalmente y los dos lo sabíamos. Además, insinuó que yo los provoqué o que intenté manipularlos. Qué idiota. Tampoco se me pasó por alto la forma en que les dijo “niños”.

Se estacionó en el garaje junto a la casa de la manada sin decir nada más sobre el tema.

—Buen intento, Alfa —enfaticé la palabra como lo hice la noche anterior cuando me despedí, y luego salté de la camioneta sin mirar atrás.

Su olor era tan fuerte que me hacía dar vueltas la cabeza y era capaz de decir o hacer una estupidez por el enojo si no me alejaba pronto. No iba a dejar que me hiciera sentir como una distracción barata ni que ignorara lo que habíamos hecho, aunque él no quisiera hablar de eso. Iba a hacer que lo tuviera presente todo el tiempo.

Porque, siendo honesta, me moría por repetir la experiencia sin importar lo pesado que fuera. Nunca me había sentido tan bien después de un orgasmo, y eso que ni siquiera me tocó. Fue tan bueno, de hecho, que no tuve ni una sola pesadilla. Por primera vez en tres años, no recordaba haber soñado nada.

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