El primer día que estuvimos allí, nos trajeron dando vueltas y nos hicieron perder más de una hora, hasta que usé mi voz de Alfa para ordenar a las Omegas de la casa de la manada que me dijeran dónde estaba él. Me chocaba causarles dolor a las Omegas que eran inocentes, pero no tuve otra opción. Lo único que sabían era que estaba “fuera del territorio” y no tenían idea de cuándo pensaba volver.
Aprovechamos el tiempo para recorrer la manada libremente y di otra orden para que Claude no se enterara de nuestra visita; también exigí que me avisaran en cuanto regresara. Muchos de los miembros de la manada seguían sufriendo bajo su mando.
Le hice saber a Robin lo que necesitábamos para que pudiéramos ayudarlos. Probablemente aquello también fuera culpa de él. Los trataba igual de mal que cuando era Alfa, pero esa vez me echaba la culpa a mí.
Josh y yo pensábamos volver en un par de días, después de despedir a Jeremiah, Rayna y Kennedy con sus guerreros y los nuestros. Era una lástima que el universo y la Diosa parecieran creer que todos mis planes eran un chiste con el que podían jugar.
Por supuesto, recibí un enlace mental cuando íbamos bajando para despedirme de mi hermana. Teníamos que irnos; Claude regresó e iba a ser encarcelado por traición, pues teníamos pruebas suficientes. Solo necesitaba tenerlo frente a mí. Se lo comuniqué a Bennet y a Danny; tal vez aquello era lo mejor.
Había estado evitándola y no había razón para cambiar eso en ese momento. Pero tenía que verla una vez, para asegurarme de que no protestara por los guerreros extra que les asigné.
Estaba lo bastante cerca como para escuchar voces, pero no entendía lo que decían.
—Quita tus manos de ahí —le gruñí mientras veía cómo la sostenía con fuerza.
—¿Celoso, Alfa? —se burló él—. Apuesto a que hasta te daría un abrazo si bajaras y se lo pidieras por las buenas.
Sentí una punzada y un vacío en el estómago solo de pensar en tenerla en mis brazos. Ese baile parecía haber ocurrido hacía una eternidad y no duró lo suficiente.
—Idiota. Ten cuidado.

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