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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 56

Kennedy

La tía Beth organizó la Ceremonia de Luna en menos de un mes. Ella no perdía el tiempo; quería que su hijo y su Luna se instalaran de una vez para que empezaran a traer a la siguiente generación de la manada. O sea, lo que quería eran nietos.

No pude evitar reírme de ella mientras estaba de un lado para otro en la cocina. Yo, por mi parte, intentaba concentrarme en mi tarea, o al menos hacía el esfuerzo. Podría haber estudiado en mi cuarto, ¿pero qué chiste habría tenido?

Lo bueno fue que me esforcé mucho para adelantar materias y pude empezar algunos cursos de la universidad cuando estaba en mi último año de preparatoria. Así que aquel semestre estaba tranquilo y solo tenía la mitad de la carga escolar, lo cual me había servido mucho, porque parecía que el hecho de que Jer encontrara a su compañera había puesto el mundo de todos de cabeza.

Jeremiah no regresó a la escuela. Había estado trabajando de tiempo completo con el tío James, mientras que Rayna se la pasaba con la tía Beth planeando la ceremonia, conociendo a la manada y aprendiendo cuáles serían sus responsabilidades. Sabía que mi tía ayudaba mucho como voluntaria en el hospital y en la escuela de la manada, pero había muchísimas cosas necesarias para dirigir aquel lugar a las que yo nunca les había puesto atención.

Mi tía tomaba tantas decisiones como el tío James; eran un equipo. Era una locura lo que los miembros de la manada esperaban de sus líderes, pero allí se consideraba de lo más normal. Todos seguíamos entrenando juntos por las mañanas, aunque ya no era igual. Mis amigos estaban creciendo y adaptándose a sus vidas de adultos, y yo me había quedado en la orilla viendo todo, como atrapada en el limbo.

—Muy bien, Kennedy. Tú y Rayna ya tienen su horario para mañana. Y por favor, prométanme que van a dormir en serio. No quiero que la maquillista pierda tiempo tapándoles las ojeras porque se quedaron hablando toda la noche.

Me miró a mí y luego a mi lado. Ni siquiera sentí cuando Rayna se acercó y se sentó junto a mí.

—Es solo el ensayo. ¿Para qué quieres que venga una maquillista al ensayo? —le dije para molestarla, porque en ese momento era muy fácil hacer que se desesperara.

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