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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 58

Ryker

A esas alturas, en serio estaba pensando en seguir el consejo de todos y arrancarle la cabeza a Claude. No habíamos podido atraparlo en nuestra última visita. De alguna manera se había enterado de que íbamos por él, lo que significaba que tenía a alguien en mi manada pasándole información. Así que tuvimos que fingir que solo estábamos de visita para regañarlo por su falta de liderazgo y empezar nuestra investigación de nuevo, pero aquella vez desde adentro de nuestra propia manada.

Al menos pudimos encargarnos de los miembros a los que él había estado descuidando. Josh y yo encontramos a algunos de confianza que parecían estar manejando las cosas mejor que Claude o que el equipo que él había puesto a cargo. Por lo menos pude otorgar rangos de Delta a quienes se lo merecían. En ese momento ya tenían autoridad para ayudar y proteger en mi nombre, y contaban con un enlace directo con Danny y el resto de mi equipo si era necesario.

Les dije que contactaran directamente a Robin para cualquier otra cosa que necesitaran y que Claude no les estuviera dando. Ya me había cansado de intentar ser diplomático. Lo iba a ir dejando solo; se iba a quedar sin nadie y sin nada antes de que por fin lo borrara de este mundo.

En ese momento necesitaba descubrir quién era su contacto en mi manada y aquello no sería fácil. Llevaba tanto tiempo haciendo sus jugadas sucias que era un experto. Por la forma en que nos había evitado cuando visitamos su casa, me sorprendía ver que el imbécil hubiera hecho el viaje hasta la Manada Lago de Roble para buscarme. No entendía su juego para nada. Llevaba dos días intentando acercarse a mí y entonces ya no aceptaba un no por respuesta.

—Dile que se va a tener que esperar.

Linda era casi tan buena como Robin para alejar a quienes no quería ver. Aunque Robin lo habría sacado de aquel territorio desde el primer día.

—Claro, señor. ¿Qué hago cuando haga un berrinche y se niegue a irse? —me preguntó levantando una ceja.

Ya lo tenía bien medido.

—Es su única opción. Tuvo su oportunidad de hablar conmigo y no se dignó a estar disponible. Ahora estoy ocupado. Llévate a un guerrero contigo por si acaso, por favor.

Seguí trabajando en mi computadora. Casi habíamos terminado con todas las transferencias y pronto podría hacer que esa manada prosperara de nuevo sin que yo tuviera que estar allí todo el tiempo.

Cuando Linda le dijo que tenía que esperar su turno, se puso furioso. Pude escuchar su gruñido desde allí. Se pasó por la fuerza frente a ella y al guerrero, entrando en mi oficina. Era un cínico y creía que no podía tocarlo, o que no me atrevería.

Salté por encima del escritorio y le apreté el cuello con la mano, deteniéndolo en seco. Sus ojos me desafiaban, pero también vi un destello de miedo y aquel día iba a usar esa debilidad a mi favor. Lo que él no entendía era que la única razón por la que seguía respirando era porque necesitaba saber qué tan profunda era su podredumbre.

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