Tras aquella breve llamada, Marina sin dudarlo llamó a su hermana Lina, pues solo bastaron aquellas pocas palabras con Patrik para que los nervios se apoderaran de la pobre mujer.
Ella, al igual que su hija Diana, deseaba ser un poco más como Lina; ella siempre actuaba de manera impulsiva y solo hasta después media consecuencias.
Marina sabía que si se llegaba a trabar con algo o surgía algo que le era difícil comprender, Lina la podía orientar en lugar de aceptar algo solo por no parecer ignorante.
—¿Lina? ¿Estás ocupada? —preguntó Marina incluso antes de saludar.
—¡Hola, cariño! ¿Cómo estás? —Yo muy bien, ¿y tú? —dijo Lina usando un toque de ironía.
—¡Hola, Lina! Perdona, es que tengo algo y necesito de tu ayuda…
—¿Qué sucede? ¿Tienes problemas? ¿Se trata de Esteban? ¿Verdad?
—¡No! ¡No! No se trata de Esteban, es solo que necesitaba ver si estabas desocupada hoy por la tarde… —dijo Marina rogando porque su querida hermana pudiese acompañarle.
—Hmm, siempre estoy ocupada, cariño, ¿qué sucede? —dijo Lina cambiando el tono de voz a uno más suave.
—Hmm, quería ver si me acompañas a una reunión.
—¿Reunión? ¿De qué? ¿O cómo?
—Sí, es con alguien… Es para… ¡Ay, Dios! ¿Cómo te lo digo? —pensó en voz alta.
—¿Qué clase de reunión, Marina? ¿Una cita? ¡Marina, ya andas en citas! ¿Ya te metiste a esa página de citas? —¡Dios, cariño! —dijo Lina sorprendida, pero alegre porque su hermana decidiera dar ese paso.
—¡Dios! ¡No! Lina, no te pienses cosas, es por trabajo. Dime, ¿puedes?
—¿Trabajo? ¿Qué clase de trabajo?
—Lina, ¿puedes o no? No quisiera contarte todo por teléfono, me gustaría más que nos viéramos en persona, ¿Puedes?
—Cariño, ya sabes que para ti siempre tengo tiempo, déjame hago un hueco, ¿A qué hora?
—¡Hoy! ¡Ahora mismo...! —expresó Marina rogando porque no la rechazara por la premura.
—Marina, ¿estás loca? ¿Cómo me avisas de momento?
—¡Anda, por favor! Si no estuviera aterrada, créeme, no te pediría este favor, ayúdame… Acompáñame, por favor…
—Bien, está bien, está bien… Déjame encargo mis cosas y te veo en 10 minutos en tu casa…
—OK, ¡gracias! ¡Mil gracias! De verdad, necesito de tu compañía… —dijo Marina sintiendo como la calma regresaba a su cuerpo.
Luego de unos 20 minutos, Lina se anunció en casa de su hermana, esta ya la estaba esperando.
Lina se quedó sin palabras, pues por primera vez en mucho tiempo, vio cómo Marina se había puesto una ropa que le quedaba excelente y se había puesto un poco de color en los labios y mejillas.
—¡Luces encantadora! —dijo Lina sonriente y orgullosa de ese paso para su hermana. —¿De verdad no vas a una cita de Tinder?
—¡No! ¿Cómo crees? Yo no me metería en esas cosas…
—¿Por qué no? Eres una mujer adulta, eres hermosa y, sobre todo, estás soltera, cariño. A ver, dime una cosa, ¿cuánto tiempo puedes vivir sin sexo? Digo, a nuestra edad, eso es indispensable. —dijo Lina con total seriedad.
—¡Lina! ¡Por Dios! —¡Qué cosas dices! —replicó Marina arrepintiéndose de haberse arreglado así.
—¿Qué? No estoy diciendo nada que no sea verdad. Supongo que, desde tu querido exmarido, tu… —dijo Lina haciendo ademanes con sus manos. —Nada de nada, ¿O sí?
Marina abrió los ojos de sobremanera, ella se sintió expuesta, pues era más que obvio que su querida Lina tenía razón. Ella ya había hecho otras cosas, pero no se iba a poner a hablar del tema con Lina, menos ahí y en ese momento.
—¡Marina Salas! —dijo Lina con cara de sorpresa.
—Mande, ¿qué sucede? —respondió Marina tratando de aparentar tranquilidad.
—¡Tú ya te has metido con alguien! ¿Verdad?
—¿Quéee? ¿Qué cosas dices? ¡Eso no es así!
—Marina, no mientas… —Susurró al oído de su hermana. —Te conozco y sé que cuando mientes, las orejas se te ponen rojas, calientes y ríes como si nada ocurriera.
Marina se sintió acorralada, pero no diría nada, al menos no ahí, en casa de sus hijas, puesto que aún no se sentía preparada para aceptar lo que había ocurrido con Efraín.
—Hablemos en tu auto… ¡Anda! Ya es tarde y no quiero llegar retrasada, es la primera vez que voy a ver a este hombre. —dijo Marina tomando su bolso y caminando hacia la puerta.
Lina la siguió, no entendía nada de lo que sucedía, pero algo estaba muy claro, ella y Marina necesitaban platicar largo y tendido, pues era claro que no estaba al tanto de las últimas noticias de su hermana.
Una vez en el auto y camino al café que se encontraba en el Four Seasons, Lina se fue directo y, a la yugular.
—Marina, ¿cómo demonios es que no me habías contado nada?
—Bu... Bueno, en mi defensa, es que tú estabas desconectada. —Se excusó Marina por el hecho de no haberla visto en días.
—Hmm, tienes toda la boca llena de razón… Marina, ¿te puedo decir algo?
—Sí, ¿es una locura? ¿Verdad? Estoy siendo estúpidamente idiota, no debí haber hecho eso, ¿verdad? —se anticipó Marina a lo que podría decirle su hermana.
—¡MARINA! ¡Por Dios, mujer! ¡Es la mejor noticia que podrías haberme dado!
—¿Cómo? —reaccionó Marina un tanto sorprendida.
—Hermana, ya te lo dije, eres soltera, eres hermosa y mereces rehacer tu vida… Claro, siento que ha sido toda una sorpresa por el tiempo que ustedes dos llevaban de no verse, pero, siendo completamente honesta, me encanta la idea, de verdad, Efraín es… Bueno, siendo sincera, yo creo que tú y Efraín siempre debieron estar juntos.
—¿Qué? ¿Cómo?
—Marina, no te hagas, Efraín y tú siempre fueron confidentes; si alguien hubiese imaginado algo con un Montemayor, créeme, no era Esteban.
Marina se quedó sin palabras, ella no esperaba esa declaración, no sabía que eso fuera tan evidente. En el pasado, ella y Efraín solo eran amigos y confidentes de verano, no era algo que fuese a crecer. Incluso ahora, aún le costaba asimilar lo que sucedía entre ellos, pues bien, a bien, aún no sabía qué eran.
—¿Marina?
—¿Eh? Sí, dime…
—Cambiando radicalmente de tema, dices que te quedaste de verte con alguien, ¿se trata de Efraín?
—Hmm… En parte…
—¿Cómo que en parte? ¿A qué te refieres con eso?
Marina se sinceró con Lina y le contó durante el camino que restaba sus planes y cómo era que Efraín le había propuesto apoyarla con ellos. Lina, por su lado, escuchó todo y le dio gusto por su hermana, pues ella más que nadie conocía a la Marina del pasado, esa que luchaba por salir adelante aun con la poca ayuda y atención de sus padres, por lo que no comprendía por qué ahora se había vuelto tan codependiente de lo que Esteban decía o hacía.
—Efraín me dijo que Patrik Stuart es su mano derecha y que es su hombre de su total confianza, así que él me ayudará con el tema de la casa y el café.
Lina sonrió, definitivamente aquí sí aplicaba la frase de cuando el hombre llegó a la luna de Neil Armstrong: Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad.
Ella había visto cómo su hermana, en 9 años de matrimonio, había pasado de ser una chica audaz y sonriente a una tímida que solo dedicaba su vida a su marido e hijas, olvidándose de sí misma y de que ella también debía importarse.

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