Entrar Via

La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 159

Capítulo 159: Solo vete...

En el preciso momento en que Lina fue sacada del auto, esta sintió como sus piernas perdían la fuerza; tenía los ojos llenos de miedo y todo su cuerpo se estremecía ante la terrible situación en la que se encontraba y de la que no entendía nada.

Lina miraba a su alrededor, pero ante el shock de lo que había sucedido no podía enfocar bien la vista.

Patrik revisaba si el impacto no había lastimado a Lina, mientras la sostenía fuertemente, pues era evidente que de no hacerlo la joven caería al suelo.

—¿Cómo estás? ¿Estás bien? —¡Dime que sí! —dijo Patrik, revisándole que no tuviera algún golpe.

Lina poco a poco dejó de escuchar el zumbido en los oídos y pudo enfocar su mirada en el hombre que la sostenía. Al reaccionar por fin y ver que ya no estaba en peligro, abrió sus ojos y con ambas manos comenzó a tocarlo para ver que no fuese un espejismo. Al percatarse de que no lo era, Lina finalmente se rompió y comenzó a llorar tal cual chiquilla.

—¡Dios! ¡Dios! —pronunciaba apenas con la voz quebrada. —¿Qué... ¿Qué sucedió?

A pocos metros de ellos dos, se podía escuchar cómo alguien se quejaba; se trataba del conductor del taxi. Patrik había estrellado su costoso auto contra el lado del conductor; el conductor estaba atrapado contra la parte frontal del auto que los había chocado.

En cuestión de minutos, varias patrullas llegaron a esa ubicación. Patrik recibió una llamada de Rubén, su amigo del C5.

—Patrik, ya ha llegado la policía... Dicen que el conductor chocó contra un auto.

—Fui yo...

—¡Mierda! ¿Cómo estás? ¿Necesitas una ambulancia?

—Yo no, pero tal vez el otro hombre sí...

—¿Y tu amiga? ¿Cómo está?

—Creo que bien, solo un poco asustada... —dijo Patrik sin soltar en ningún momento a Lina.

Lina escuchó toda la conversación y, entre lágrimas, no podía creer que ese hombre que ni la conocía hubiese movido a todas esas personas.

Nadie, nunca, nadie había hecho algo por ella.

¿Cómo era que este hombre de cabeza hueca hubiese hecho algo así? Aquello, lejos de reconfortarla, la hizo quebrarse aún más.

—¡Dios, my friend! ¿Me dice mi compañero que tu auto es un Lamborghini?

—Sí, ¿por?

—¿Estrellaste tu Lamborghini contra ese auto de simple mortal?

—Sí, ¿por?

—¡Mierda! ¿Sabes el papeleo que implicará todo esto? ¿Qué quieres que hagamos con el tipejo aquel?

—Solo llévenselo y apliquen lo que deban aplicar; ese hombre es un riesgo para la sociedad.

—My friend, ¿sí sabes que el tipo no podrá pagar el auto? ¿Verdad?

—Eso no importa, llamaré a mi seguro... Solo llévenselo y que no lo dejen salir.

—¿Mandaras a tu abogado?

—Sí... —dijo Patrik sin titubear. —Debo dejarte, llevaré a Adelina al médico.

—¿De verdad no necesitas una ambulancia?

—No, yo mismo la llevaré al hospital. Ya le he pedido a mi abogado que mande a alguien por mí.

—Está bien... De lo demás no te preocupes, ya nos arreglamos con tu abogado.

—¡Gracias!

Tras terminar la llamada y sintiendo que Lina en cualquier momento se podía desvanecer, sin pedir permiso la cargó.

—Yo... Yo puedo estar de pie, no... No necesitas cargarme... —dijo Lina temblando de miedo.

Patrik la observó y no emitió ningún comentario.

—Señor Stuart, me dijo mi compañero Rubén Rocha que enviaría a su abogado para ver todo el tema.

—¡Es correcto!

—Necesita una ambulancia para la joven.

—No, yo mismo la llevaré al hospital para que la revisen; solo espero a mi chofer.

—Ok, pero debería solicitar una ambulancia...

—No se preocupe, mi chofer debe estar por llegar.

—dijo Patrik con total calma. — Mire, acaba de llegar mi escolta.

—Está bien, señor Stuart, déjenos el tema en nuestras manos; este hombre no volverá a ver la luz del sol en un buen tiempo.

—Por mí que no la vuelva a ver nunca...

—Lo hablaremos con su abogado.

—Bien... —dijo Patrik con un tono autoritario.

—Si...

Pocos minutos después, Patrik y Lina ingresaron al primer hospital que encontraron. Aquel hombre no dudó en pedir todas las atenciones para ella en urgencias. Lina se quedó sola; un médico llegó, tomó sus signos vitales y se cercioró de que no tuviera alguna herida interna por el impacto. Le hicieron todas las pruebas de rigor y descartaron algún golpe interno de gravedad.

Al cabo de un par de horas, Lina ya estaba en una habitación de estancia corta, llevaba una bata de paciente y le habían tenido que suministrar un calmante, pues no dejaba de temblar y su presión la tenía por los cielos.

Patrik fue notificado e inmediatamente el hombre se dirigió ahí; para cuando llegó a ese lugar, Lina se encontraba acurrucada en la camilla, mientras miraba hacia la ventana y lloraba amargamente.

Al escuchar su llanto, Patrik no pudo evitar culparse; su mente estaba repleta de recriminaciones. Si él no la hubiese pasado a dejar, si hubiera cumplido con su palabra de llevarla a casa, si hubiera sido más paciente con aquella chica, un montón de ideas cruzaban por su cabeza.

En este momento, realmente deseaba que esa mujer fuese tan parlanchina como de costumbre, deseaba que fuese la misma que le coqueteaba y se le insinuaba descaradamente. Definitivamente, mil veces prefería a esa molesta mujer que a la que observaba en ese momento.

—Adelina...

Ella, al escuchar que la llamaba, se cubrió los oídos y se tapó con la sábana.

—Vete, por favor, ya hiciste mucho con ayudarme...

—dijo Lina tratando de ocultar su estado.

Adelina no podía soportar que Patrik la viera así de rota; ella normalmente era fuerte, siempre viendo el lado amable de las cosas, siempre siendo irreverente, siempre sonriente. ¿Cómo ahora venía a romperse frente a alguien que ni la conocía? Eso para ella era realmente humillante.

—No me voy a ir; de hecho, necesitas que alguien se quede a cuidarte...

—Yo puedo hacerlo sola, de verdad, te agradezco tu ayuda, pero, seguramente, debes estar cansado; no quiero darte más molestias de las que ya te he dado.

Patrik miró la charola con comida que las enfermeras le habían llevado, la acercó y dijo:

—Sal de ahí, vamos, debe probar un poco de alimento.

—No, por favor, déjame, no quiero que me veas asi...

Patrik se quedó callado; no imaginó que lidiar con Lina fuese tan complicado. Sin embargo, el sentido de culpa pudo más que su poca paciencia.

—¿Por qué no quieres que te vea? ¿Qué sucede?

—Por favor, solo vete... —dijo Lina con voz quebrada.

Patrik sabía que no podía irse y dejarla sola, por lo que, con amor de toda paciencia, dijo:

—Sabes bien que no me voy a ir; tendrás esa cita conmigo quieras o no. Este no es el mejor lugar, pero no puedes negar que tendrás algo nuevo que contar.

Lina, al escuchar tal disparate, se descubrió el rostro y lo miró con una expresión de desconcierto.

—¿Qué acabas de decir?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Mujer Que Nunca Fui (de Alut)