Capítulo 158: Un destino terrible...
Lina caminaba mientras iba buscando un cine que había visto por aquel rumbo; la idea era ir a perderse en historias que la hacían creer que algún día viviría una de ellas.
De pronto su móvil comenzó a vibrar; ella imaginó que se trataba de Alessandro, así que hizo el menor caso de sacar su móvil y siguió caminando.
Lina sonrió al ver que había llegado al cine, revisó la cartelera y vio una película de su interés, compró un boleto y se dispuso a comprar todas las golosinas que pudieran caberle en el estómago. Por hoy, no se preocuparía por las calorías o si engordaba; hoy necesitaba consentirse con comida y una buena película.
Sin pensarlo más y sabiendo que seguro Alessandro no dejaría de insistir, decidió apagar el móvil sin revisar la pantalla. Al menos por dos horas se perdió en una película de ciencia ficción que la hizo perderse en sus ideas de niña sobre algún día poder ver la luna de cerca.
Al salir de la función, definitivamente ya se sentía menos fracasada que cuando entró; sin más, encendió su móvil y vio varias llamadas perdidas de Alessandro, tal como lo imaginó, y una que otra de ¿Patrik? Puso los ojos en blanco e ignoró aquello, simplemente pidió un taxi de aplicación y se dispuso a aguantar una hora de tráfico, mientras se perdía en la música que reproducía su móvil.
Cuando miró el reloj, apenas eran las 7:30 pm; contando con el tráfico hasta su apartamento, seguro iba a llegar como a las 9:00 pm o un poco más. En definitiva, pensaba que el día, al final, no había sido un día totalmente perdido.
—¿Está fresca la noche? ¿Verdad, señorita? — preguntó el chofer del taxi.
—Sí... —apenas y respondió Lina, pues estaba concentrada en el camino y la música que escuchaba.
—Oiga, es lejos donde vive, ¿qué anda haciendo una mujer tan bonita por la calle a estas horas?
Aquella pregunta captó la atención de Lina; no es que ella fuese grosera o algo por el estilo, era solo que hoy en particular no quería ser tan parlanchina como de costumbre, menos viajando en un taxi con alguien que no conocía.
El chofer del vehículo no parecía mala persona, era solo que hoy no estaba con el humor para conversar; además, prefería que las casi dos horas que demoraría en el tráfico fuesen para escuchar a Birdy, Adele, Sia o Mon Laferte, así que las respuestas a las preguntas que le hacía el chofer eran en monosílabos.
Aquello que podía resultar en un claro mensaje de no molestar; sin embargo, no todo el mundo piensa igual, ya que aquello fue interpretado como una muestra de arrogancia o mala educación, por lo que el chofer se mostró un tanto molesto y dijo algo que provocó un escalofrío en Lina.
—¡Ni que estuvieras tan buena!
Lina tras escuchar aquello, detuvo la música y pensó en que era lo mejor que podía hacer en ese momento. Pocas eran las ocasiones en las que había usado taxi de aplicación; no es que no lo usara, pero casi siempre prefería llevar su auto, pues por su trabajo, nunca sabía a dónde iría a parar.
—¿Disculpe? —decidió replicar Lina para mostrar la incomodidad y dejar ver que se había percatado de aquel mal comentario.
—Lo que escuchaste... Te las das de muy interesante, pero hay mujeres más buenas que tú...
—¡Detenga el auto! —dijo Lina tratando de sonar autoritaria.
—¿Quiere que cancele el viaje?
—¡Sí! —¡Exacto! ¡Detenga el auto! —dijo Lina comenzando a mirar que iban por una calle que ella no reconocía.
—¿Qué? ¿Ahora sí ya quieres hablar? —dijo el chofer burlonamente.
—¡Que pare el maldito auto ahora mismo! —dijo Lina sintiendo cómo su valentía se estaba desvaneciendo poco a poco.
—Sí, sí lo haré, pero será donde yo diga...
—¿Qué? ¿Acaso no escucho bien? —¡Detenga el auto! —dijo Lina sintiendo cómo la angustia la invadía.
Al ver que este hombre no pretendía hacerle caso, Lina recordó que en pantalla tenía llamadas perdidas de Alessandro y Patrik, así que, sin que el chofer se diera cuenta, presionó su dedo en alguno de los dos para tratar de contactarle.
Del otro lado, lejos de ahí, se encontraba Patrik conduciendo hacia el penthouse en el que ahora vivía cuando en la pantalla de su vehículo apareció el nombre de Adelina Salas. Aquel hombre dudó por un instante, pero luego recordó cómo se había comportado con aquella mujer y contestó.
—Patrik...
—¡Detenga el auto! No pienso repetirlo, lo voy a denunciar; haga lo que pido o gritaré...

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