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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 161

Capítulo 161: Yo puedo sola

Patrik escuchó aquello y no pudo evitar sentirse avergonzado, pero sabía que tenía una muy buena explicación para aquella declaración e intromisión.

—Sí decía que solo te conocía de vista; era seguro que tratarían de localizar a tu familia y, por consecuente, yo no podría cuidarte. Así que tuve que decir que eras mi esposa, claro, a menos que en este momento quieras que aclaremos todo y te dejen encerrada aquí hasta que lleguen tus padres o tu hermana. —dijo Patrik en un tono que Lina no supo si era amenaza o burla.

Lina pensó en Marina y en todo el caos que se produciría si sus padres se enteraban; ya se veía escuchando a Gennia, su madre, atacándola con que no debería vivir sola y mucho menos en una ciudad tan peligrosa.

—¡No! —¡No! —¡Dejémoslos que crean lo que se les dé la gana! —¡Solo quiero ir a casa! —dijo Lina sin pedir más explicaciones.

—Bien, te he comprado algo de ropa; no estoy seguro si atiné a tu talla. ¿Necesitas ayuda para vestirte?

Lina lo miró y movió la cabeza en negación.

—¡No! Solo necesito que me dejes a solas; no quiero que me veas mientras me cambio. —dijo Lina bajando de la camilla como si no ocurriera nada.

Al hacer esto, todo el piso se le movió y casi cae al suelo. Afortunadamente, Patrik logró sostenerla y regresarla a la camilla.

—Creo que mejor te ayudo; si te caes y, con tu suerte, te rompes algo más, de unas cuantas horas pasaremos meses aquí. —dijo Patrik con seriedad.

Lina frunció el ceño y le lanzó una mirada acusatoria.

—Te ayudaré a vestirte. —dijo el hombre con calma. —No creo que sea la primera vez que alguien te ve desnuda y no será la primera vez que yo veo a una mujer desnuda.

Lina lo miró incrédula. ¿Cómo era posible que este hombre fuese tan descarado y pudiera sonar educado al mismo tiempo? Pensó y puso cara de incredulidad; si bien era cierto, jamás se hubiera imaginado en aquella situación.

—Solo ve pasándome mi ropa y voltéate; yo puedo hacerlo sola.

—¿Estás segura? —preguntó Patrik levantando una ceja.

Aquel gesto sorprendió a Lina, pues hasta haciendo aquello era realmente atractivo el desdichado, pero esta vez, no se sentía de humor, ni de ánimos para pensar en otras cosas.

—Sí, sí, anda, pásame mi ropa. —dijo Lina sintiéndose un tanto nerviosa y comenzando a lidiar con los cordones traseros de su bata.

—¡Oh, Dios! —dijo Patrik acercándose sin pedir permiso para ayudarla.

—¡No! ¡No! ¿Qué haces?

—Te ayudo con estas cosas; al ritmo que vamos, nos iremos al amanecer. Yo tengo sueño y estoy cansado; entre más rápido salgamos de aquí, más rápido te llevaré a tu casa y luego iré a dormir.

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