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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 164

Capítulo 164: ¿Ves algo que te guste?

Patrik estaba por quedarse dormido cuando alcanzó a escuchar unos ligeros pasos descendiendo de las escaleras.

—¿A dónde se supone que vas? —preguntó Patrik sin levantarse del sofá.

—¡Mierda! ¡Dios! —se escuchó la voz de Lina.

—¿Con esa boquita comes? —preguntó Patrik finalmente incorporándose del sofá.

Al hacerlo, vio a la pequeña silueta de Lina, quien aún se notaba mareada y algo desconcertada.

—¿Do... ¿Dónde estoy? —preguntó con miedo.

—En mi casa, si yo fuera tú, me subiría a dormir...

—dijo Patrik dejando caer su cuerpo en el sofá nuevamente.

—¿Por... ¿Por qué me trajiste aquí? —¡Quiero ir a mi casa! —exigió Lina, sintiéndose extremadamente incómoda.

Patrik miró su elegante reloj de pulsera y dijo:

—Son las cuatro de la mañana, ¿puedes esperar al menos dos horas? Estoy molido y mis escoltas deben estar dormidos. Yo estoy molido; no quiero ni puedo manejar así; adermás, te quedaste dormida antes de decirme dónde vives; en parte es tu culpa.

—dijo Patrik con seriedad.

—Bu... Bueno, no es mi cul... culpa, en realidad, no sé qué me pusieron, pues me siento mareada.

—Seguramente clonazepam, diazepam o alguna droga para relajarte.

—Se... Se ve que sabes mucho de eso...

—Un poco, pero esas son las drogas de las buenas, digámosle así; esas telas venden con receta médica.

—dijo Patrik con ironía.

Lina sentía la boca seca, las piernas como gelatina y su visión no era la más aguda en ese momento, por lo que poco a poco caminó hacia donde estaba aquel hombre y tomó asiento.

—¿Qué haces? —preguntó Patrik al sentir cómo ella se acurrucaba cerca de sus pies.

—So... Solo no... No quiero... No qui... quiero es...

Lina abrió los ojos de sobremanera y sintió sus mejillas arder.

—¡No! Yo... yo no... No era mi intención. —dijo apenada.

—Te dejé esa charola con comida; debes desayunar algo, eso ayudará a que los calmantes no te generen tantos estragos.

El Patrik de ese momento lucía totalmente diferente al que hacía unas horas moría por dormir.

Lina pudo percatarse de que algo en su tono de voz había cambiado; ya no sonaba tan indiferente como hacía tan solo un día.

—Desayuna o, si deseas bañarte, ahí dentro hay toallas; en un momento te subo ropa que mandé a comprar para ti. —dijo Patrik secándose el cabello.

—¡Gra... ¡Gracias! Pero no es necesario, yo... yo solo quiero ir a casa. —dijo Lina aferrando sus manos fuertemente al vaso de cristal que contenía el jugo.

—Sí, me lo imaginé... —dijo Patrik abriendo la puerta de su vestidor y dándole la espalda. — Desayuna entonces y tan pronto estés lista, avísame; le pediré a uno de mis escoltas que te lleve a tu casa.

Ahí estaba; el tono de voz que normalmente usaba había regresado y su indiferencia también. Lina, al percatarse de aquello, se levantó, se dirigió al tocador y se encerró ahí por largo rato, mientras decidía si se daba un baño o no.

En el caso de Patrik, este se arregló; sin embargo, estaba atento al ruido del exterior, pero algo que llamó su atención fue que no se oía nada. Al salir del vestidor y ver que Lina seguía sin salir del tocador, se preocupó, pues pensó que podía haberse caído en la bañera, así que sin pedir permiso abrió la puerta y se dio cuenta de que efectivamente esta se había desmayado. 

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