Capítulo 165: Te quedarás aquí...
Patrik rápidamente la levantó del suelo y la llevó a la cama, revisó sus signos vitales y notó que su pulso estaba débil; sin embargo, cuando estaba por cargarla para llevarla al hospital, esta despertó sintiendo que todo ahí le daba vueltas.
—Adelina... —¡Tranquila! ¡Tranquila! —dijo Patrik al verla asustada.
—¿Qué... ¿Qué me sucedió? —preguntó la mujer afligida.
—Te desmayaste dentro del baño; ahora mismo te iba a llevar al hospital. Anda, ven, vamos. —dijo el hombre con preocupación.
—¡No! ¡No! Odio los hospitales, seguro fue porque no he comido bien y, además, seguro es por todo el medicamento que tengo; yo solo quiero ir a casa.
Patrik la observó con detenimiento; su rostro no mostraba palidez. Volvió a revisar su pulso y se percató de que ya estaba regresando a la normalidad.
—No creo que sea correcto, déjame llamar a un médico; si no quieres ir al hospital, pediré que uno venga a revisarte aquí, no puedo dejarte ir así. — dijo Patrik sacando su móvil y llamando a alguien.
—Ya no quiero más calmantes, solo quiero ir a casa, tomar un baño y dormir, por favor... —dijo Lina con voz quebrada.
Patrik notó el cambio en el semblante de aquella mujer y su gran esfuerzo por no llorar frentea él, por lo que no dijo más y la atrajo hacia él. Era claro que lo que había sucedido anoche estaba muy lejos de pasar.
—Jones, por favor, envíame a un médico a mi apartamento. —dijo Patrik mientras abrazaba a Lina.
—¿Se encuentra bien? ¿Qué le sucede, señor? — preguntó el hombre preocupado.
—Nada, Jones, a mí nada, tengo una visita y se siente un poco indispuesta.
—Señor... —dijo Jones conociendo a su jefe.
Aquello le había sonado totalmente extraño a Jones, quien era el albacea de Patrik desde los 20 años, cuando decidió retirar su nombre de la fortuna de sus padres. Este hombre conocía muy bien a Patrik y sabía que normalmente le costaba relacionarse con las personas y más con mujeres; algo ahí le sonaba poco común.
—No te hagas ideas, es una conocida... Mándame al médico, por favor.
—Sí, está bien...
Lina se había quedado inmóvil sintiendo cómo aquel hombre la abrazaba fuertemente; aquello, lejos de hacerla sentir mejor, le estaba provocando que el nudo en su garganta se hiciera más grande.
—Bien... —dijo Patrik aflojando un poco el agarre.
—Un médico vendrá aquí, no tendremos que visitar nuevamente el hospital, pero, viendo la situación, definitivamente no puedes quedarte sola.
Lina desenterró su rostro del pecho de aquel hombre y lo miró con sorpresa. ¿Qué era lo que le estaba pasando por la mente? Pensó por dentro.
—¿Qué... —¿Qué quieres decir con ello? — Finalmente, Lina se atrevió a preguntar.
—Bueno, viendo tu estado y anticipándome a una situación que pudiera complicarse más, en definitiva, he llegado a la conclusión de que no puedo dejarte sola, menos con lo ocurrido el día de ayer...
—¿Qué? ¿Cómo? ¡No! ¡Yo... ¡Yo solo necesito estar en mi casa! —dijo Lina sintiendo que le faltaba un poco el aire.
Lina lo miró y no podía creer cómo era que el destino podía llegar a torcer tanto las cosas. En definitiva, Patrik sí sabía cómo ponerla tras las cuerdas y era claro que no iba a cambiar de opinión.
—Está bien, me quedo, pero necesito ir por mi ropa...
—Te llevaré...
—De lunes a viernes me levanto muy temprano para ir a mi trabajo, necesito mi auto...
—Bueno, puedo ponerte un escolta que te lleve y traiga; además, mi día comienza normalmente a las 2:00 am, así que no creo que tengamos problema con la hora a la que tú te despiertas.
—¡Ronco como camionero!
—Lo noté desde el hospital, ¿acaso te dije algo?
Las mejillas de Lina se tiñeron de rojo; de verdad, este hombre tenía respuestas a todos sus peros; era claro que estaba dispuesto a hacer lo que dijo que haría.
—Bien, está bien...Me quedo, pero... no es porque esté mal, solo es porque me obligas...
—No te estoy obligando, solo estoy siendo consciente; tú eres aquí la inconsciente. Ahora bien, ya solo esperemos al médico para que te revise; luego de eso, te llevo a tu apartamento, haces una maleta y te vienes unos días aquí.
Lina no podía creer que al final terminara accediendo; más bien, no podía creer cómo era que las cosas habían llegado a tanto. Ella simplemente había ido a ver una película como normalmente lo había hecho montones de veces. ¿En qué momento el destino la puso en manos de este descarado, educado y cabezón? Aún no tenía una respuesta que sonara coherente.

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