Capítulo 176: No necesito inventarme nada
La chica encargada de guiarla por aquel lugar la llevó a una pequeña boutique; ahí Marina pudo observar que la ropa encajaba muy bien con su personalidad.
Marina observó cada prenda y se percató de que la ropa ahí costaba un ojo de la cara. Por algunos momentos, dudó en comprar alguna prenda; no sabía si eso era buena idea; sin embargo, la mujer que la acompañaba le recordó que su "esposo" Efraín Forcelledo, había dejado indicado que ella podía pedir lo que quisiera.
La joven mujer, aun con reservas, escogió solo algunas prendas para probárselas; ella solo veía la etiqueta de precio y seleccionaba todo aquello que no tuviera un costo tan elevado. En el caso de la chica que la acompañaba, observaba atenta todas y cada una de las prendas que la mujer tocaba, pero que dejaba en su lugar.
—Señora, ¿ya tiene algo para usar esta noche? — preguntó amablemente.
—Hmm... La verdad es que no, honestamente, me siento algo perdida, ¿tú qué me recomiendas?
¿Sabes a dónde planea llevarme mi esposo a cenar?
—No, la verdad es que ahí no tengo la menor idea, pero seguro que debe ser un lugar muy elegante; tan solo mírese, jestá preciosa! ¿Cómo cree que su esposo desaprovecharía la oportunidad para lucirla o presumirla?
Marina sonrió tímidamente; ella sabía que Efraín no era su esposo. Además, sí había cambiado, pero tanto como para considerarse preciosa, sentía que no era para tanto; en su cabeza solo giraba la idea de que todas esas eran adulaciones falsas.
Tras mucho pensarlo y al ver que la hora casi se acercaba, Marina terminó seleccionando un elegante vestido color negro con tirantes delgados que se le ajustaba muy bien al cuerpo; este le llegaba debajo de la rodilla y, por sí solo, se encargaba de mostrar su maravilloso y bien torneado cuerpo.
Luego de varias vueltas, Marina solo llevaba una bolsa donde guardaba las prendas con las que había llegado a la tienda. Ella estaba agradecida por el maravilloso día que le había regalado Efraín; sin embargo, sentía que no debía excederse, así que solo compró el vestido que usaría para ir a cenar y nada más.
—¡Listo! Creo que me llevaré este... —dijo Marina saliendo del vestidor con el atuendo puesto.
Definitivamente, la Marina que había llegado el viernes se había marchado en el justo momento en que aquellos alocados risos se alaciaron.
—¿Cómo me veo? —preguntó Marina algo nerviosa.
—¡Usted luce encantadora! Créame, su esposo no podrá quitarle los ojos de encima.
—Hubiese sido más fácil saber a dónde me iba a llevar; aún no me siento segura de si el atuendo concuerda con los planes de mi... mi esposo.
—¡Usted debe estar tranquila! Debe recordar una cosa: hoy era un día para consentirla, así que estoy segura de que su esposo le debe tener una agradable sorpresa.
Con aquellas palabras, Marina agradeció las atenciones y el tiempo dedicado a ella; luego de eso, caminó hacia donde estaba el lobby del hotel, no sin que antes la mujer que la había acompañado le pidiera la bolsa de aquella compra.
Marina dudó por un momento, pero luego pensó mejor las cosas y le entregó aquello. La dependienta prometió que al día siguiente ella podría ir a escoger sus pertenencias y que en este momento solo debía enfocarse en disfrutar de la noche.
Marina caminaba a paso lento y seguro por los pasillos del hotel; cada que tenía oportunidad de verse en algún espejo, se miraba y sonreía. Le era increíble cómo es que en un solo día ella se hubiera transformado en la mujer que se reflejaba en ellos.
Tan pronto como Marina llegó al lobby, ella se percató de la inconfundible silueta de Efraín. Ella, al verlo de lejos, sintió una punzada en el estómago; aquel hombre iba vestido con un elegante traje color negro que le quedaba a la perfección.
Tal como si él hubiera sentido la mirada de Marina, este hombre volteó y, al hacerlo, se quedó impresionado; se pudo percatar de la bella joven que caminaba hacia él.
—¡Hola, cariño! Definitivamente, ¡hoy luces encantadoramente, maravillosa! —dijo el hombre dibujando una bella y seductora sonrisa.
—Ho... ¡Hola, Efraín! —apenas pudo articular un saludo corto Marina.
—Veo que te fue de maravilla este día; déjame decirte que luces estupendamente bien esta noche, además de que te ves completamente descansada.

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