Capítulo 18: Mañana...
Esteban, al escuchar aquello, no pudo evitar traer a su mente lo ocurrido en aquella época, lo cual, lo hizo sentir tremendamente culpable. Si había alguien que había cometido un error, ese había sido él.
Todo lo que Lorena había dicho era verdad, todo lo que en su momento estaba destinadoa ella, en un mes, pasó a manos de Marina. Él sabía que no la amaba, es más, ni le gustaba, pero, en su momento, eso era lo correcto, era lo que todos esperaban y él no podía decir que no.
—Lore... No te vayas, yo te amo y, créeme, haré cualquier cosa por compensar todo lo que sucedió en el pasado.
—Esteban, lo único que te pido es una verdadera oportunidad, quiero que seamos como antes. No quiero tener que compartir tu cariño, tu atención, quiero al Esteban que eras antes, quiero al hombre al que solo le importaba yo.
Esteban sonrió con complacencia, la abrazó, la besó y ahí mismo la desnudó. Él quería dejar claro que no le importaba nada del pasado, solo le importaba su presente y no había nada que lo hiciera cambiar de opinión.
En ese momento, él la tomó y se dejó llevar por el cúmulo de sentimientos que lo embargaron.
Era verdad, una noche antes de que él se casara con Marina, Lorena lo buscó, él la tomó, probó sus besos, su cuerpo y se juró que no volvería a ella, no porque no la quisiera, ni la deseara, sino porque ella había sido quien simplemente un día lo dejó.
—Lore... Debes saber que nunca más te volveré a dejar. No existe nadie, óyelo bien, no existe nadie a quien yo ame más que a ti. Debemos olvidar todo lo que sucedió, piénsalo, estamos a casi nada de que esto termine, ella ya aceptó firmar el divorcio.
—¿Cómo? ¿Es verdad lo que dices?
—Si, no había querido decirte nada, pero sí, el mismo día en que ella se accidentó, firmó el acuerdo de divorcio. Ya solo estamosa la espera de que ella salga del hospital para que el juez fije una fecha para la firma del certificado de divorcio.
—¿Por esa razón tú estás al pendiente de que salga?
—¡Sí! —mintió el hombre ante aquella pregunta cargada de afirmación.
—¿Estás hablando en serio?
—Tan en serio como que mañana nos vamos a dar un paseo, ¿qué te parece?
—¡Esteban, no juegues!
—Mira, ya han sido 6 largas semanas de estar aquí, tú necesitas un descanso y también yo. ¿Qué te parece si nos vamos a Los Cabos?
—¿Hablas en serio?
—¡Muy en serio! —afirmó Esteban, mirando con atención a la mujer que tenía debajo de él.
—Sí, si quiero... Esteban Montemayor, esta es la mejor noticia que me has podido dar.
—Bueno, ahora que ya estás más tranquila, ¿en qué estábamos?
—¡Esteban!
Mientras aquella pareja festejaba por el gran paso que Esteban estaba por dar, en el hospital, el médico pasaba a dar una revisión a Marina.
—Señora Montemayor, ¿cómo se encuentra usted esta noche?
—Ya con ganas de ir a casa, doctor... —dijo la mujer con cara de cansancio y desesperación.
—¡Tranquila! Yo sé que quiere ir a casa, sé perfectamente bien que ya ha pasado mucho tiempo en el hospital, debe extrañar a sus hijas, pero el accidente fue algo que pudo ser mucho peor.
Lina, la hermana de Marina, observaba al médico con atención, el hombre era atractivo, algo maduro, pero atractivo. Por su mente comenzaron a pasar ideas, las cuales, simplemente, no expresó.
—Bueno, yo la veo perfecta, ¿sabe? Viendo cómo han avanzado las heridas y, sobre todo, viendo los resultados de los estudios, puedo decir que, mañana mismo usted podría abandonar el hospital, claro, siempre y cuando me prometa que tendrá mucha precaución. —afirmó el médico con gran atención.
—¿De verdad? —preguntó Marina con gran emoción.
—¡Sí! Pero, ello no quiere decir que va a regresar a su vida normal, debe guardar reposo, aún sentirá dolor, pero este poco a poco irá disminuyendo.
—Doctor, ¿cree que mi hermana pueda ir a la playa?
—Hmm... Yo supongo que sí, lleva 6 semanas en recuperación, para este momento, la conmoción cerebral se podría decir que está curada, solo puede llegar a presentar de vez en cuando un poco de dolor de cabeza o cansancio.
En el caso de la contusión pulmonar, este, por lo que veo en las últimas placas, el pulmón está completamente a salvo, pero no debe excederse en el ejercicio.
Lo único aquí de monitoreo son las costillas, pero e!
hueso ya está casi soldado, puede haber un poco de molestia al hacer algún movimiento brusco, pero, eso no impide que su hermana pueda caminar, moverse o dormir mucho mejor que hace dos semanas.
Tal vez de vez en cuando pueda sentir una punzada al estirarse o molestia cuando haya presión, pero nada de eso le impide a la señora Montemayor viajar.
—¡Perfecto! —expresó Lina emocionada.
—Entonces, doctor, ¿de verdad ya puedo irme mañana a casa?
—¡Si! Si usted lo desea, desde mañana mismo ya puede regresar a casa, aqui la extrañaremos, pero, no hay nada que nos haga más felices que ver a una paciente yéndose a casa.
—¡Gracias, doctor! De verdad, ¡muchas gracías!
Cuptu'a 12 נרהמי Tras aquella magnífica noticia, el doctor Vélez se retiró dejando al par de mujeres ahí.


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