Capítulo 191: Localízala...
Tras levantarse de la mesa y abandonar rápidamente aquel lujoso restaurante, Marina caminó sin rumbo fijo.
El poder sacar todo lo que llevaba dentro resultó liberador, pero no por ello había sido fácil. ¿Cómo podría serlo? Mientras pronunciaba cada palabra, ella no podía evitar recordar cómo habían sido todos aquellos momentos incómodos vividos con Esteban luego de la separación.
No era fácil recordar la angustia con la que se levantaba cada día después de que Esteban la abandonó. Ella se había quedado sola con dos hijas, una de ellas tan tranquila como solo ella podía ser y la otra, una bomba de tiempo que en cualquier momento explotaba y vomitaba varias palabras hirientes.
Marina no pudo evitar dejar caer varias lágrimas; no era porque le doliera Esteban, era el recuerdo del dolor que ella misma había tenido que soportar día y noche durante los primeros tres meses.
Cansada de caminar sin rumbo, tomó asiento en una banca y, tal cual niña chiquita, se abrazó mutuamente y siguió llorando en silencio por largo rato.
Marina no lo decía abiertamente, pero, luego de que Esteban se fue, todos los días vivía con miedo, vivía con incertidumbre. ¿Qué iba a ser de su vida?
¿Esteban seguiría cuidando de sus hijas? ¿Cómo les daría la noticia a sus niñas? ¿Cómo reaccionarían?
—Terminé mi relación con Lorena... —Repitió Marina en voz alta.
Aquella mujer no podía creer la facilidad con la que Esteban se deshacía de una mujer y pretendía entrar en una nueva relación. ¿Pero qué le sorprendía? Ella misma era el claro ejemplo de eso; él simplemente un día se levantó de la cama y dijo que ya no quería un matrimonio así, que ya no podía más, decidió que debía ser honesto y decir que nunca la había amado.
Marina debía reconocer que estaba sorprendida.
¿Qué podría haber sucedido entre Esteban y Lorena como para que este la dejara? Esta era una pregunta a la que seguramente no tendrías respuesta.
—Vamos, Marina, que esto no te afecte. Tú ya has superado esto; por favor, que esto no te afecte... — Se dijo a sí misma.
Mientras ella trataba de lidiar con los recuerdos, el coraje y todas las emociones que representaba aquella plática con Esteban, este hombre había pasado a pagar el café que nadie tomó y se había retirado del lugar.
Esteban iba camino a la oficina mientras su mente iba perdida en las palabras que Marian le había dicho.
—Esteban, ¿por qué no piensas quién pudo haber sido? En tu mente solo pudo tratarse de Ángel, pero ¿acaso no fuiste tú el que le contó todo a Lorena?
¿Cómo podría haber ocurrido aquello? ¿Qué le había dicho Lorena? ¿Cómo podría ser que todo este tema se le hubiera salido de las manos? Él era Esteban Montemayor; él siempre tenía todo bajo control.
Esto en definitiva no podía dejarlo así; él no podía quedarse con la duda, debía buscar a Lorena y preguntar qué era lo que le había dicho a su mujer.
Tras meditarlo por un rato, decidió llamar a Paco.
—Paco... Necesito que busques a dónde se mudó Lorena Huesca; me urge saber dónde está.
—Señor... ¿Lorena Huesca dice?

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