Capítulo 192: Eres una mujer muy bella
Paco puso manos a la obra y comenzó con la búsqueda de Lorena Huesca, topándose con una gran sorpresa: la mujer ya no estaba en México.
Revisando registros de entradas y salidas, se topó con que la mujer ya había vuelto a Nueva York y vivía plácidamente en una zona exclusiva de Manhattan. Algo ahí no le cuadraba a aquel hombre.
¿Cómo podría ser? Hasta donde sabía, la mujer se encontraba casi en bancarrota, ¿de dónde podría estar pagando aquel lugar?
Antes de decidir avisarle a Esteban, quiso indagar más, lo cual lo llevó a toparse con que la mujer trabajaba en una filial del grupo Montemayor y su cargo no era cualquiera; esto en definitiva sonaba bastante extraño.
Ya teniendo la certeza de que en todo esto había gato encerrado, decidió ir a ver a su jefe, el cual, tan pronto lo vio, se percató de que no tenía buen semblante.
—Señor, ¿puedo pasar?
—Adelante... Dime que tienes lo que te pedí.
—Sí, señor, efectivamente, pero lo que le traigo no es algo fácil de explicar.
Esteban lo miró seriamente, frunció el ceño y dijo:
—Habla...
—Localice a la señorita Huesca, pero ella ya no vive en México.
—¿De qué carajos hablas?
—La señorita Huesca ya está nuevamente en Nueva York, mire... —dijo Paco deslizándole un folder con una breve investigación sobre la mujer.
—¿Qué es esto? —dijo Esteban, comenzando a hojear el informe y percatándose de lo mismo que Paco había notado.
—¿Quién demonios la contrató en esa compañía?
—Estuve buscando datos y, al parecer, fue el director; esto vino desde muy arriba. Por un momento he pensado que pudo hacer mal uso de su nombre, pero Jonas Brook no me ha querido tomar la llamada.
—Hmm... —Gruñó Esteban e inmediatamente levantó la bocina de su teléfono y llamó a ese hombre.
—Jonas... —dijo Esteban al ser atendida su llamada.
—Señor Montemayor, ¿en qué le podemos ayudar?
—Tengo una pregunta, veo que tienes una nueva gerente de mercado. Su nombre es Lorena Huesca.
Me gustaría saber ¿quién pudo recomendarla como para que tú la contrataras?
—¡Oh! Señor Montemayor, usted sabe que nuestros protocolos de reclutamiento son completamente confidenciales.
—Y tú, creo que has olvidado quién es el dueño del grupo Montemayor.
—No, no, señor, todos sabemos que el dueño del grupo Montemayor es el señor Dante Montemayor y actualmente el nuevo CEO es el señor Efraín Forcelledo, razón por la que solo a ellos les puedo proporcionar esa información.
Esteban, al escuchar aquello, no pudo evitar sentir una gran molestia, pues aquello le recordaba todo lo que había perdido por aquella mujer que parecía que jamás perdería.
—Brook, tal parece que se te olvida que yo soy hijo de Dante Montemayor y que, en algún momento, podré cuestionar tu desempeño.
—¿Me está amenazando, señor Montemayor?
—No es una amenaza, es un gentil recordatorio.
—Entiendo su frustración; sin embargo, las políticas de nuestra compañía son muy estrictas y lo lamento, pero su posición por el momento no me permite ofrecerle la ayuda que usted necesita. Solo piénselo, si un primo, hermano o sobrino suyo viene y me dice que es familiar de Dante Montemayor, ¿cree que yo les entregaría con tanta facilidad lo que me piden?
—¿Sabes qué? Olvídalo, olvida esta llamada. —dijo Esteban, terminando aquella y azotando el teléfono ante la frustración de la verdad.
—¡Paco! Averigua en este momento de qué medios se valió Lorena para entrar a esa compañía; ellos son uno de nuestros negocios más redituables. Ella no pudo entrar así porque sí, claro, a menos que alguien la hubiera recomendado.
—Sí, señor... aparte de aquello, ¿quiere que hagamos algo más?
—No, por el momento, no. Trata de no hacer mucho ruido; no quiero que ella sepa que ya la estoy investigando.

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