Capítulo 203: ¿Te han roto el corazón?
——— Horas antes ———
—¿Qué rayos sucede aquí?
Todos los niños se callaron al instante de escuchar aquel grito. La bolita de niños que antes animaba a Diana a golpear a su hermana, en instantes se disolvió y dejó ver al profesor lo que estaba ocurriendo.
Diana y Renata seguían aferradas la una a la otra, una con la mano en el cabello y la otra con las uñas enterradas en el rostro de quien estaba en el suelo, mientras que Gio trataba de separarlas.
—Giovanni Barzinni apártate de ellas. —dijo el profesor molesto. —Diana y Renata Montemayor, será mejor que se detengan porque de aquí nos vamos directo a la dirección y tú, Giovanni, tienes pocos días que llegaste y ya estás dando problemas; creo que también nos vas a acompañar.
Los tres niños fueron escoltados hasta la dirección; ahí ya una enfermera esperaba para revisar las heridas de rasguños que tenía la niña Renata.
La directora, al ver a los tres, pidió que tanto Diana como Gio salieran de su oficina, pues quería hablar con Renata, intuyendo que ella podría ser la que había iniciado la pelea y además de que debían atender los rasguños en su cara.
Fuera de la oficina, mientras ambos niños estaban sentados en unas bancas, Gio algo preocupado, dijo:
—Diana, eres una mala hermana... ¿Por qué le hiciste eso a tu propia hermana? ¡Eso no se hace!
Creí que eras una buena niña, pero ya veo que no; Renata es mejor hermana que tú.
Diana solo lo miró con los ojos bien abiertos; ella había imaginado otro tipo de situación cuando pudieran hablar; esto en definitiva no estaba para nada en su mente.
—Renata tiene razón, tú eres una niña consentida y mimada, ¿Por qué peleaste por una lonchera? Yo tengo hermanos pequeños y jamás le haría lo que tú le hiciste a Renata.
Diana, ella es mi novia y quiero que sepas que si sigues tratándola mal, yo seré quien te ponga en su lugar; ella no está sola, ella me tiene a mí. Tú deberías sentirte avergonzada por lo que le hiciste; ella es muy diferente a ti, tú le has quitado todo y aun así ella nunca se porta mal contigo. —dijo Gio dejándose llevar por el coraje y las cosas que Renata en su momento podría haber dicho de su hermana.
Diana nuevamente no dijo nada, solo se quedó callada; el nudo en su garganta, la vergüenza, el arrepentimiento y el dolor de escuchar cómo el niño que le gustaba la veía como la peor niña la estaban carcomiendo. Por un momento, estuvo a punto de responder, pero fue abruptamente interrumpida por la directora, quien la llamó para unirse con su hermana.
—Gio, hemos hablado con tu madre; ella vendrá en unos minutos. Espérala aquí, por favor; primero hablaremos con las niñas Montemayor y luego hablaremos contigo.
Gio se quedó ahí sentado; él jamás había tenido un percanceasí, no sabía en qué momento se había metido en problemas. Desde que él y sus padres se habían cambiado de casa, se había separado de Enzo, se veían poco y de repente lo extrañaba; apenas comenzaba a adaptarse a su nueva vida, jamás pensó que mandarían a traer a su mamá por algo así.
Mientras que el pequeño Gio se preocupaba por lo que le diría su mamá, dentro de la oficina de la directora, las niñas Montemayor estaban cada una en sus propios asuntos; Diana, la más callada y reservada, solo lloraba en silencio.
Las palabras que Gio le había soltado le dolían incluso más que la cabeza por el jaloneo de cabellos.
Hoy en la mañana, cuando se levantó y se arregló, tenía una imagen diferente a lo que sucedió.
Renata, por su lado, se quejaba mientras le limpiaban las heridas y repetía una y otra vez que ella no había hecho nada.

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