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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 206

Capítulo 206: Vamos a buscar a tu hermana

Marina corría por toda la calle con teléfono en mano; Esteban, por su parte, se encontraba en la oficina de Efraín, pues este había tenido que ir a explicar por qué de pronto tuvo que salir de su lugar de trabajo.

Luego de una larga charla, Esteban y Efraín estaban en una pequeña conversación que estaba cargada de tensión, pues este aseguraba que lo mejor que podían hacer era regresar. El pretexto aquí eran las niñas, su estado anímico y los problemas que se estaban suscitando actualmente, cuando de pronto, para darle más la razón, su móvil vibró y el nombre de Marina apareció.

—¿Qué te dije? Mira, hablando de la reina de Roma... Seguro ya pensó mejor las cosas. —dijo Esteban de manera altanera.

Efraín observó aquello un tanto extrañado.

—¿Qué sucede?

—¡Esteban! ¡La niña! ¡Diana! ¡Diana se salió de casa! —expresó Marina con voz cargada de preocupación.

—¿Cómo que se salió de casa? ¿A dónde? ¿Qué sucedió? ¡Voy para allá! —dijo Esteban como primera reacción.

—¡No sé, Esteban! ¡No sé!

Aquello no pasó desapercibido por Efraín, quien miró atento a su primo y tomó una decisión.

—Efraín, debo irme, mi hija, Diana, al parecer se salió de casa, debo ir a buscarla.

Efraín, al escuchar aquello, imaginó la difícil situación por la que debía estar atravesando Marina y no lo pensó dos veces para decir:

—¡Voy contigo!

—¡No! ¿Por qué quíeres ir? —dijo Esteban, reaccionando al interés de Efraín.

—No te estoy preguntando o pidiendo permiso, voy contigo; si tu hija desapareció, entre más la busquemos, mejor.

Esteban quería rechazar la ayuda, pero innegablemente, su primo tenía razón.

—Está bien... ¡Vamos! ¡Vamos!

—Esteban y Efráin salieron para casa de Marina; el tráfico estaba insoportable, pero aun así se hicieron tiempo récord al llegar. Tan pronto como lo hicieron, notaron que la casa estaba vacía, al menos de adultos, pues se toparon con Reanta recostada viendo televisión.

—¡Papi! —dijo la menor al ver a su padre llegar y buscar por doquier.

—¡Renata! ¿Qué haces aquí sola?

—Pues ya ves, como siempre, mi mamá poniéndole toda la atención a Diana...

—¿Tu hermana está desaparecida y tú aquí recostada? —preguntó Esteban, incrédulo.

—Papito, soy una niña, ¿Cómo podría buscarla? Si me pierdo ahora, sería yo quien andaría perdida, ¿no lo crees? —dijo la menor con ironía.

Esta escena y palabras no pasaron desapercibidas ante Efrapin, quien la miró e inmediatamente se percató de que la menor tenía maldad pura; debajo de esa carita bonita, esa niña tenía maldad pura.

Mientras eso sucedía en casa con Renata, Marina, Ofelia y todo el personal disponible recorría calle por calle del circuito del fraccionamiento. Los vecinos, al apercibirse de lo ocurrido, se unieron a la búsqueda, pero nada, no daban con la menor.

Marina ya no tenía ni voz de tanto llamar a su hija; estaba cansada, mareada y sumamente angustiada.

—Señora, trate de calmarse, la vamos a encontrar, ella no pudo salir de aquí, es un circuito cerrado, los vigilantes tendrían que haberle permitido salir y ya sabe que los niños requieren autorización para salir.

—Ofelia, no nos hagamos tontas, ella pudo salir fácilmente con solo decir que Esteban le dio permiso. ¡Dios! ¿Cómo odio vivir aquí? Esto siga siendo territorio de Esteban... —Pronuncio Marina ante la terrible situación.

—¡Tranquila, señora! Recuerde que ya pronto nos vamos a mudar... —dijo Ofelia, adhiriéndose al nuevo plan.

—Sé que no es el momento, pero, de verdad, ¿piensas unirte a la mudanza? Esteban te paga muy bien aquí; si te vas conmigo, yo no podré pagarte como aquí.

—Señora, ya soy mayor, mis hijos ya son grandes, trabajo para no estar sola picándome la cabeza; usted y las niñas son como mi familia, así que, ¿por qué no me iría con usted? Además, con todo lo ocurrido, ¿cómo va a creer que la voy a dejar sola con este par.

Afortunadamente, no tuvo más bebés, porque de lo contrario, la verdad, no sé qué haríamos; si con Renatita y Dianita no podemos, mírenos nada más.

Un tanto lejos de ahí, Esteban, Renata y Efrain finalmente salieron de casa y se dividieron para ir a buscarla. Esteban se llevó casi a rastras a su hija, mientras que Efraín tomó otro rumbo.

Efraín pensó en qué hubiera hecho en el pasado como niño. Él recordaba momentos de su vida en México, los malos tratos por parte de su tío Dante, las miradas, las indirectas, el trato preferencial hacia sus hijos, el cómo él prefería vivir en el pueblo en lugar de estar en casa de su tío los veranos; aquello lo hizo reflexionar de dónde podría estar esa niña.

Observó el lugar y caminó con calma, tratando de pensar qué haría una niña de casi 10 años. Se imaginaba, por la cara de la otra niña y las palabras dichas por esta, que habían tenido una discusión, por lo que, si lo pensaba, era seguro que estaría avergonzada y buscaría un sitio solitario para pensar y dejar salir su coraje. 

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