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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 207

Capítulo 207: ¡Auxilio! ¡Auxilio!

Efraín se llenó de viejos recuerdos y heridas; observaba el lugar mientras que sus escoltas revisaban casi con lupa cada paso que daba. De pronto observó a lo lejos una pequeña capilla; por un momento se quedó pensando si la niña podría haber ido ahí.

Si todo el mundo la andaba buscando y no la encontraban, esa niña no podría estar, pero, al ver el diminuto lugar y recordar a la otra niña, decidió caminar hacia ahí.

A diferencia de Esteban o Marina, que reaccionaban a la angustia que tenían, este hombre caminó a paso rápido pero calculado. Para cuando llegó, entró en la capilla; aquel lugar era pequeño, solo había unas cuantas bancas, se notaba que nadie iba ahí. Repasó una a una las bancas hasta que un escolta dijo:

—Señor... Mire...

Efraín aceleró el paso y la vio; la niña se había quedado dormida acurrucada bajo una imagen.

Marina no los había presentado; no sería fácil acercarse a ella, puesto que él en sí era prácticamente desconocido. Tras meditarlo un poco, llamó a Marina en repetidas ocasiones; sin embargo, suponía que, por la angustia, no cogía su llamada y se enfocaba en buscarla por la zona obvia para todos, pues se imaginó que todos debían creer que ella se había salido del fraccionamiento.

Marina en algún momento le había dicho cómo se llamaban sus hijas; si Renata era la niña odiosa y malvada, Diana debía ser la más tranquila. Al intentar llamar a Esteban y no obtener buenos resultados, decidió acercarse y hablar con la menor de manera tranquila.

—¿Diana? ¿Diana? ¡Despierta! Te anda buscando tu mamá muy angustiada...

Efraín era consciente de que la niña no lo reconocería y mucho menos confiaría en él; no obstante, debía arriesgarse.

—¡Diana! —¡Despierta! —ordena Efraín, manteniendo una buena distancia.

Diana, al escuchar su nombre, poco apoco fue despertando y al hacerlo, se llevó un susto de muerte.

—¿Qué... ¿Qué hace usted aquí? ¡Déjeme! ¡Déjeme!

—gritó la niña tan pronto se dio cuenta de que estaba ella sola con un montón de personas que no reconocía.

—¡Ey! ¡Ey! Soy conocido de tu padre y madre, me llamo Efraín Forcelledo.

—¡Auxilio! ¡Auxilio! —gritó la niña sin entender nada.

—Sé que no me conoces, soy primo de tu padre... Tú debes ser Diana, Diana Montemayor Salas; tu madre es Marina Salas y tienes una tía llamada Adelina Salas, a quien todos le decimos Lina.

—Mi mami me ha dicho que no hable con extraños...

—Y hace bien, solo que en este caso, necesito que me acompañes a casa; de hecho, mira, ya he llamado a tu padre y madre en repetidas ocasiones.

Todo el mundo anda como loco buscándote.

—¿Qué dice? No, ahorita todos están enojados conmigo... —dijo Diana, aun dudando del hombre frente a ella.

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