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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 246

Capítulo 246: Papá sí lo hizo...

Marina despertó, miró su móvil y nada, no había respuesta al mensaje enviado; aquello la hizo sentir mal. Sabía que esto sería complicado, pero ella esperaba que con el apoyo de Efraín todo pudiera ser un poco más fácil; además, que imaginaba que él entendería que su vida ya no era como antes.

Aquí fue donde nuevamente se lamentó por las decisiones tomadas en el pasado; ella era joven, inexperta. Creía que todo el mundo era bueno; se había hecho una idea errónea de Esteban, lo cual dolía y mucho, pues sí, habían pasado meses, pero eso no quería decir que por eso saber la verdad dejara de doler.

Se llevó las manos al rostro, se limpió los ojos y se levantó; en este momento no era el tiempo para ponerse a pensar en ella, tenía problemas más urgentes que un corazón roto.

—¡Anda, Marina, es hora de poner en orden esta casa! —dijo al levantarse de la cama e ir al tocador.

Rápidamente, tomó un baño y dejó que el agua caliente relajara su adolorido cuerpo. La salida con Efraín a ese spa había sido encantadoramente relajante, pero sus problemas en casa habían hecho que esa sensación de dolor nuevamente volviera.

Marina despertó, miró su móvil y nada, no había respuesta al mensaje enviado; aquello la hizo sentir mal. Sabía que esto sería complicado, pero ella esperaba que con el apoyo de Efraín todo pudiera ser un poco más fácil; además, que imaginaba que él entendería que su vida ya no era como antes.

Aquí fue donde nuevamente se lamentó por las decisiones tomadas en el pasado; ella era joven, inexperta. Creía que todo el mundo era bueno; se había hecho una idea errónea de Esteban, lo cual dolía y mucho, pues sí, habían pasado meses, pero eso no quería decir que por eso saber la verdad dejara de doler.

Se llevó las manos al rostro, se limpió los ojos y se levantó; en este momento no era el tiempo para ponerse a pensar en ella, tenía problemas más urgentes que un corazón roto.

—¡Anda, Marina, es hora de poner en orden esta casa! —dijo al levantarse de la cama e ir al tocador.

Rápidamente, tomó un baño y dejó que el agua caliente relajara su adolorido cuerpo. La salida con Efraín a ese spa había sido encantadoramente relajante, pero sus problemas en casa habían hecho que esa sensación de dolor nuevamente volviera.

Al salir del baño, se miró al espejo, vio su rostro y sonrió, tratando de practicar su mejor sonrisa. Ella, para sus hijas, debía ser fuerte y debía ser alguien que les transmitiera confianza; no podía andarse con tristezas, así que se hizo una cola, buscó algo de ropa y salió a despertar a sus hijas.

La primera a su paso era Renata, quien aún seguía dormida.

—Anda, cariño, es hora de levantarnos, hoy tenemos que salir.

—Mamá... déjame disfrutar de mis vacaciones.

Marina la observó y dijo:

—Renata, estas no son vacaciones, nos mudamos y ustedes me van a ayudar a acomodar las cosas.

Cariño, nuestra vida va a cambiar y de una vez te digo que aquí no habrá mayordomo, chofer o personal de limpieza; este es nuestro hogar, esta es nuestra nueva vida, ¿entendiste?

Así que vamos, arriba, antes de salir de tu habitación, debes hacer la cama; si no la haces, cuando vengas a dormir, estará igual que como la dejaste por la mañana.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque lo digo yo y punto. Así que arriba, cuanto

más rápido lo hagas, mejor.

—¿Por qué no contratas a sirvientes? Ellos deben hacer esas cosas, yo no.

—Cariño, lo siento, aquí, quien tiene dinero es tu padre, yo no, y como ya no vivimos en su casa, aquí hay reglas nuevas, ¿ok?

—¡Esto lo sabrá papá! —dijo Renata amenazante.

—¡Esto violenta mis derechos a una niñez feliz! Marina casi se ríe ante aquella conjetura.

—Pues demándame si quieres, pero hasta el momento, no he visto ir a parar a la cárcel a una mamá, por el hecho de obligar a su hija a tender la cama y hacer alguna que otra tarea en casa.

Renata hizo una mueca de desprecio y ya no dijo nada.

—Sí, papá tiene a Lorena, pero, ¿tú te vas a quedar sola toda la vida o tendrás otro hombre?

Aquel comentario la hizo pensar en Efraín; tal vez si hablaba con claridad con sus hijas, esto sería más fácil, pero, ¿Cómo podría decirles que ahora salía con el primo de su padre?

Ella sabía todo el oscuro pasado, lo entendía, pero no era tonta, sabía que nadie, salvo Lina y Ofelia,

serían las únicas que aprobarían aquello.

—Renata, ahora mismo tengo muchas cosas que hacer con mi vida y ustedes están en el punto número uno de mi lista. Sé que han sido unos meses muy duros, pero debes saber que aquí, en este lugar, vamos a hacer muchas cosas por mejorar todo lo que esté roto.

Tras aquellas palabras, Renata no se quedó tranquila y dijo:

—No respondiste mi pregunta, ¿piensas casarte nuevamente?

—Hija, mientras estuve casada con tu padre, no te cansabas de repetirme lo vieja que era y, créeme, que hasta me lo creí, pero, siendo honesta, me he visto al espejo y no lo soy, apenas tengo 27 años. La respuesta probablemente sea sí, pero no ahora, no cuando veo que mis hijas, lejos de verse como hermanas, se ven como enemigas, ¿crees que tengo el tiempo para pensar en un nuevo amor?

—No lo sé, papá, si lo hizo...

—El que tu padre haya hecho lo que hizo no se justifica; solo puedo decir que él las ama, sea como sea, las ama, yo también y ya a futuro veré qué hago con mi vida; por el momento, mi vida son ustedes, ¿te quedó claro?

Renata ya no dijo nada más, así que Marina salió de

la habitación y se dirigió a la habitación de su hija Diana.

Alutauthor Estimadas lectoras y lectores ¿Qué creen que vaya a suceder con Marina? ¿Creen que se entere de lo que sucedió con Soraya?

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