Capítulo 245: Dame el nombre completo y yo haré el resto.
Efraín despertó de madrugada, se levantó, observó a la mujer que estaba dormida en aquella cama; en este momento le llega una gran sensación de culpa.
Sabe que lo que hizo no está bien, sabe que se dejó llevar por lo que desde hace años venía haciendo con esta mujer; el sentimiento de culpa aumenta cuando toma su móvil y ve el mensaje de Marina.
—"Prometo que solucionaré todo de la mejor manera. Gracias por estar conmigo. Un beso y abrazo, descansa".
Si Marina se enteraba de lo que acababa de suceder, era cien por ciento seguro que ella lo mandaría al demonio, por lo que rápidamente se colocó su ropa, regresó a la habitación y despertó a Soraya.
—Sor...
Aquella mujer comenzó a despertarse con algo de pereza.
—Hola, cariño... —dijo ella con algo de pereza. — ¿Ya estás de pie?
—Debo ir a la oficina, pero antes debo pasar a casa.
Oye, cariño... —dijo Efraín, sabiendo que esto no estaba para nada en sus planes.
—¿Qué sucede, cariño? —dijo ella sentándose en la cama.
Acto seguido, Efraín hizo lo mismo para quedar de frente a ella.
—Sor... Me encantó lo que sucedió anoche, pero...
—¿Pero?
——No fue correcto, no debió suceder, yo, yo no debí venir, no debí involucrarte en mis asuntos más de lo que ya estás involucrada. —dijo Efraín sintiendo una enorme culpa.
—¿Qué... —¿Qué quieres decir con eso? —dijo la mujer, algo desconcertada por la actitud de aquel hombre.
—Sor... Habíamos quedado en que solo nos involucraríamos por negocios; sabes que te quiero; sin embargo, esto no puede seguir así, tú mereces algo mejor que yo.
Soraya sintió una oleada de calor invadirle su cuerpo, apretó los labios; estaba a punto de dejar salir una buena cantidad de vómito verbal, pero, al final, no lo hizo.
Tras aquello, se levantó de la cama y salió de aquel apartamento, prometiéndose no volver a caer en lo mismo con ella. Soraya era una excelente mujer; no tenía por qué seguir jugando con ella, no cuando se supone que está por comenzar una vida al lado de Marina.
Tras escuchar cómo Efraín abandonaba el apartamento, Soraya se levantó; su semblante apacible cambió a uno lleno de ira. No era molestia hacia él, era odio profundo por aquella mujer que no había tenido el placer de conocer en persona.
Soraya llevaba años al lado de Efraín; eran buenos amigos. Ella estuvo en todo su proceso de cambio; ella vio cómo aquel regordete joven se convirtió en el hombre que era hoy.
Ella lo vio derrumbado, ella lo vio en el piso e hizo todo lo posible por ayudarlo y nada, simplemente nada, el idiota no podía ver lo que tenía frente a sus ojos; para él solo había una mujer y esa era Marina Salas. Harta de esa situación, comenzaría a mover fichas a su favor para cambiar un poco el equilibrio de la balanza.
—Ladislao... —dijo la mujer tan pronto su llamada fue contestada.
—Soraya, iqué encantadora sorpresa! ¿Cómo has estado?
—¡Bien, cariño! ¡Muy bien! Oye, necesito que me hagas una muy amplia averiguación de una persona.
—Dame el nombre completo y yo haré el resto.

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