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La Mujer Que Nunca Fui (de Alut) romance Capítulo 248

Capítulo 248: Cosas que la hicieron cambiar.

Marina llegó a la cocina con Diana; al poco rato Renata se les unió. Honestamente, Marina no tenía la receta secreta para que sus hijas se llevaran bien; por el momento solo haría lo que ella considerara mejor. Ya con terapia, esperaba que la doctora les pudiera dar una guía más sabia.

Mientras aquello sucedía, ella solo se enfocaría en que sus hijas tuvieran la mente ocupada para no agarrarse a golpes.

—Diana, cariño, saca la harina y los demás ingredientes para hacer hot cakes. —dijo Marina sin poner énfasis en lo ocurrido el día anterior.

—¡Sí, mami! —dijo Diana con alegría.

Diana, al estar más tiempo con su madre, había ido aprendiendo varias cosas de la cocina, por lo que llevaba cierta ventaja en comparación con Renata, quien siempre esperaba para que le hicieran todo.

—Renata, cariño, tú me vas a ayudar a picar un poco de fruta, así que ven, te voy a enseñar cómo lo harás.

—¡Mamá! Pero... Yo, yo no debería usar cuchillos o cosas peligrosas.

—Renata, mi vida, solo vas a picar fruta, no quiere decir que vayas a hacer algo extremadamente peligroso, tampoco es como si te estuviera poniendo a descamar un pescado.

—¡Hiu! No, eso de matar animales, tampoco, yo paso, ¿Por qué no pides mejor el desayuno?

—Renata, mi vida, yo no soy millonaria, no tengo el mismo dinero que tu padre; lo poco o mucho que tengamos nos es suficiente para salir la semana.

—Papá te da una pensión, ¿por qué no la usas?

—Cariño, ¿qué crees que estoy usando? Todo esto lo he comprado para ustedes; yo espero que, tan pronto abra mi café, ya podamos tener una buena entrada de dinero.

—¡Ay, mamá! Tú sufres porque quieres.

Diana solo escuchaba cómo su hermana ponía pretexto tras pretexto para no hacer nada; aquello la estaba haciendo perder la paciencia.

—¡Renata! Deja ya de comportarte como princesa y ayuda a mamá.

—¡Diana! Hija, por favor, tú enfócate en los hotcakes; yo arreglo aquí el tema con tu hermana.

—Sí, mamá. —dijo Diana avergonzada.

—Bien, Renata, es hora de que aprendas a sobrevivir sola; no siempre habrá sirvientes para hacer todo lo que tú necesitas. Mira, así vas a cortar el mango y las fresas. Anda, cariño, sé que puedes.

Un día, cuando seas mayor, recordarás esto y sabrás que puedes hacerlo tú mismo.

Marina no sabía si lo que estaba haciendo estaba bien, pero era la única manera de mantener a sus hijas juntas y concentradas en algo más que ellas mismas; ya habían sido muchos años de dejarlas hacer su voluntad. Ahora, aquí era cuando agradecía que su madre fuese dura con ellas.

—Mami, ya tengo la mezcla. —dijo Diana, orgullosa de su trabajo.

Renata, al ver aquello, se sintió superada, comenzó a cortar las cosas más rápido y no se fijó ni en la forma ni en los tamaños.

Al final, las tres desayunaron un poco de leche, café, hot cakes y fruta de formas algo extrañas.

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