Capítulo 249: El primer paso.
Mientras Marina se alistaba para ir a terapia, miraba su móvil una y otra vez, pero nada, ninguna noticia de Efraín.
Ella había declinado la invitación a salir con él.
¿Cómo podía hacerlo? No podía dejar a sus hijas solas, no cuando claramente tenían serias riñas.
Marina tomó asiento y envió la ubicación a Esteban; ella creía que al mudarse de casa, ella podría manejar de mejor manera la convivencia entre ella y Esteban, pero, más rápido que tarde, se estaba viendo en la necesidad de darle su ubicación.
—Marina, ya déjate de niñerías, es solo por las niñas; mientras te mantengas firme en tu decisión, Esteban debe significar un inconveniente. —Se regañó Marina a sí misma.
Aquella joven mujer sentía un vacío en la panza; era el mismo vacío que sintió cuando se quedó ahí varada en el aeropuerto, mientras que Esteban se marchaba con... Ahora lo sabía, con Lorena.
Lo extraño de todo era que esta vez no era por Esteban, no, pensar en Esteban le causaba incomodidad, pero pensar en Efraín le causaba ese extraño vacío en su estómago. Un poco harta de esa
terrible sensación, decidió que se dejaría de tonterías y lo llamaría.
Al hacerlo, algo que captó su atención fue que él no respondió, algo extraño, pues Efraín siempre respondía al primer timbrazo. Con el estómago revuelto, decidió volver a llamarlo, pero nada, no hubo respuesta.
Aquello solo podía ser dos cosas: Efraín estaba en una reunión, pero, cuando aquello sucedía, él normalmente le enviaba un mensaje enseguida diciendo "Reunión"; ahora, nada de esto había sucedido, lo que la llevaba a la siguiente opción, la cual le dolía y no le agradaba nada.
—¡Dios, Efraín! ¿Vas a hacer esto? ¿De verdad harás esto? —pensó en voz alta.
Marina sintió un nudo en la panza, lo cual la llevó a acumular algunas lágrimas. Efraín había llegado a su vida; todo estaba bien mientras ella estaba disponible, pero, a la primera complicación en su vida, este no la podía entender; aquello, en definitiva, no era una buena señal.
Efraín podía ser su faro hoy día; no obstante, si no podía entenderla, si no podía ponerse un tanto en su lugar, su relación definitivamente no podría continuar. Ella era mujer, pero antes que nada, era madre y si Esteban en su momento había hecho a un lado a sus hijas, ella no lo haría. —Está bien, Efraín, si así quieres las cosas. —Hizo una pausa y luego, tragó saliva y terminó diciendo.
—Lo siento, Efraín, si así quieres las cosas, está bien, creo que ya estoy grandecita para andarme con tonterías como estas.
Tras aquellas palabras, terminó de arreglarse, tomó su bolso y bajó a la sala. Esa casa le había gustado, pero sabía que no podría quedarse. Movió la cabeza en negación; en definitiva, era demasiado bueno para ser verdad.
—Afortunadamente, viajamos ligero... —dijo ella con una mueca parecida a una sonrisa.
Al poco rato, el sonido de su móvil la hizo salir de sus pensamientos.
—¿Marina?
—Sí... —dijo ella con voz firme.
—Estoy fuera de donde me enviaste la ubicación. — dijo Esteban mirando los alrededores de aquella diminuta casa.
—Está bien, espera, ya vamos. —dijo Marina tomando su bolso. —¡Niñas! ¡Su padre ya está fuera de la casa! ¡Anden, vamos! Diana bajó las escaleras con rapidez, mientras que Renata salió de la cocina comiendo algo que había sobrado del desayuno.
—¿Listas?
—Sí...
—Sí, sí, no hay de otra. ¿Papá ya está aquí?
—Sí, Renata, papá ya está aquí.

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