Capítulo 251: ¿Es tu primera vez?
Después de aquellas preguntas, Marina siguió contestando preguntas de su rutina diaria y de cosas comunes; todo aquello la hizo terminar con un fuerte dolor de cabeza. Al salir de aquel espacio, necesitaba un poco de aire y agua.
Marina entregó la encuesta y, para su sorpresa, se topó con que ni Esteban ni sus hijas habían terminado. Ella miró un bello jardín y sintió la necesidad de salir a tomar un poco de aire, ya que sentía que ese enorme edificio le estaba robando el oxígeno.
Al hacerlo, se topó con el hombre que había llevado a su ¿hija? Este fumaba un cigarro y tenía los ojos cerrados mientras se encontraba sentado en la única banca del lugar.
Marina dudó un poco en ocupar un poco del lugar libre, pero de verdad necesitaba un respiro, así que, sin hacer ruido, tomó asiento lo más alejada que pudo de aquel hombre.
Aunque ella no quería llamar la atención, al final el hombre abrió los ojos y notó la presencia de aquella joven mujer.
—¿Es tu primera vez? —preguntó con calma.
Marina volteó a verlo con un poco de pena y afirmó
con la cabeza.
—Tranquila, a todos nos pasa, respira, ya todo pasará. Estás en un muy buen lugar, algo hippie para mi gusto, pero te prometo que te ayudará.
—No es para mí, es para mis hijas.
—¡Oh, sí! ¿Eres la mamá de las gemelas? ¿no?
Marina se sintió un tanto nerviosa; este hombre parecía estar enfocado en su ¿hija? ¿Cómo podría darse cuenta de eso?
—¿Cómo sabes eso?
—Es lógica, tus hijas se parecen mucho a ti, a menos que me equivoque y hubiera alguien más, cosa que no creo.
—Sí, son mis hijas las gemelas.
—He oído que casi siempre una es buena y otra es mala, ¿es eso verdad?
—¿Cómo? —dijo Marina algo ofendida.
—¡Perdón! ¡Perdón! Creo que dije lo que pensé...
No, no era mi intención. —dijo el hombre sintiéndose algo avergonzado.
—Pues pienso que ha sido un tanto grosero y su hija no se queda atrás, ¿Por qué es su hija?, ¿no?
—Tranquila, no era mi intención decir algo inapropiado, retiro lo dicho y, si quieres que te sea sincero, sí, ese demonio que viste en recepción, sí es mi hija, no lo voy a negar, es adolescente. Yo solo soy un hombre divorciado al que su hija lo odia al punto de desear que me dé un paro cardiaco.
Normalmente, siempre le respondo que solo debe aguantarme tres años más; cuando cumpla la mayoría de edad, la dejaré volar, ser libre como mariposa y, de ahí en adelante, solo será selección natural.
Mientras tanto, es mi responsabilidad mantenerla sana y salva, porque legalmente no quiero ir a parar a la cárcel por ser un padre inconsciente e irresponsable.
—¿De verdad le dices eso? —dijo Marina espantada.
—No, ¡claro que no! Pero sería bueno decírselo una que otra vez. La verdad es que solamente le digo que hará lo que digo porque soy su padre y punto, aunque, siendo totalmente honesto, algunas veces sí quisiera decirle eso.
—¿Qué edad tienes? —dijo Marina sorprendida.
—40... ¿Por?
—Vaya, pensé que era su esposo, parecen tan...
¿Cercanos?
—Pues no lo estamos ni tantito.
—Bien, pues bienvenida, supongo que nos toparemos por aquí algunas veces. Tranquila, ya verás que pronto las cosas mejorarán. Mi fiera no siempre tiene días malos; hoy le tocó ver a su madre y, al parecer, no le fue tan bien, así que tuve
que pedir que le adelantaran la hora de su cita.
Marina apretó los labios; por dentro pensó que tal vez estaba juzgando mal a este hombre, no lo sabía, suponía que así era como se daban las cosas.
Aunque nada le quitaba de pensar que era un hombre bastante extraño.
Tras aquello, simplemente caminó hacia donde se encontraba Esteban y las niñas.
—¿Lista?
—¡Eh! Sí, sí, vámonos. ¿Acaso esto es todo? ¿Quién te dijo que ya podíamos irnos?
—Salió la terapeuta y dijo que va a analizar nuestros cuestionarios; ya ella se comunicará contigo para asignar las citas.
—Pe... Pero solo era para las niñas.
—Sí, por eso, para las niñas.
—Está bien... —dijo Marina, sintiendo que esto no iba por buen camino.

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